Las leyes

Nuestra humanidad puede ser comparada a un niño. Cuando pequeño, los padres le enseñan varias reglas de conducta: no puede golpear al hermanito, no debe quitar nada a los otros, no debe romper las cosas, ni poner el dedo en el enchufe; no debe decir nombres feos etc. Si no obedece, los padres lo castigan, a fin de corregirlo. Al crecer un poco más el niño ya comienza a seguir aquellas reglas para huir de los castigos, o para agradar a los padres, por amor a ellos. Al alcanzar la edad adulta, ya pasa a guiarse por las leyes comunes, no más por temer castigos o para agradar a los padres, sino por comprender que ese es su deber; que las leyes existen para cuidar sus propios derechos y preservar los ajenos.

En la infancia de la humanidad la administración espiritual de la Tierra envió a Moisés, que recibió en el monte Sinaí los Diez Mandamientos y creó una serie de leyes muy severas, propias para educar aquel pueblo orgulloso e indisciplinado.

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