Confidencias familiares

Lamartine ha escrito sus memorias bajo el epígrafe de Las confidencias, y desde entonces este género de escrito, se hageneralizado de tal modo, que todos queremos participar a los demáslo que sentimos, lo que soñamos, nuestra vida en fin; y a pesar de que la guerra hace ensañarse a los unos contra los otros, ha llegado a tal extremo la familiaridad entre los hombres, que no hay un pensamiento, ni la más leve idea, que no nos apresuremos a confiarla a ese amigo universal, que unos llaman masa leyente y otros público ilustrado. Siguiendo la costumbre general, voy yo también a decir lo que siento cuando muere el día: no pienses lector o lectora, que voy a describir las bellezas del crepúsculo vespertino; primero por la sencilla razón de que otros muchos se han tomado ese trabajo, y segundo, porque estoy convencida que ese cuadro ni se copia, ni se explica.

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Dolores del alma

Ella ya había cumplido más de ocho décadas de existencia. Aunque nacida en Brasil, tenía un acento muy característico de su origen italiano. Fue durante una de nuestras visitas que ella nos contó sobre su infancia y la tristeza que llevaba en su alma desde aquellos días. Ella nació y se crio en el entorno rural. De pequeña, alimentaba sueños. En la pobreza en que vivía soñaba que algún día podría ganar un juguete. Y lo que más deseaba era una muñeca. Pero las Navidades se sucedían, los cumpleaños también, sin que nada viniera a ella. Sin embargo, ella continuaba esperando.

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Vida después de la muerte

¿Hay vida después de la muerte? Las investigaciones científicas indican que sí, y las religiones también afirman que, de alguna forma, la vida continúa después de esta vida, aunque sea en estado latente, aguardando la resurrección de los muertos.

Solo que ahí surge una cuestión de la más alta importancia: si todos tenemos que morir algún día, ¿cómo estaremos en ese más allá de la vida? ¿Será que vamos a quedar almacenados en algún almacén celestial, aguardando el juicio final? ¿O quién sabe, postrados delante del trono divino, en adoración, para toda la eternidad? ¿O tal vez sentados a la vera de una nube tocando el harpa? ¿Será que una naturaleza dinámica como es la del ser humano iría a soportar un estado de inactividad, inocuo y vacío, para toda la eternidad?

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Con la conducta de Cristo

Cualquiera puede comprobar con la simple lectura de los versículos evangélicos, que en los 3 años de su vida mesiánica Jesús:

En ningún momento dudó del Padre;

En ninguna oportunidad actuó en provecho propio;

No rechazó la colaboración de nadie en ninguna circunstancia y por insignificante que ella fuese;

Jamás dejó de atender las solicitudes que le hacían, como tampoco llegó a mencionar las exigencias irreflexivas que le dirigían;

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Los espíritus durante las batallas

541 ¿En una batalla hay espíritus que asisten a ella y sostienen a cada bando?

«Si, y estimulan su valor.»

Así en otros tiempos nos representaban los antiguos a los dioses tomando parte a favor de tal o cual pueblo. Estos dioses no eran más que espíritus bajo figuras alegóricas.

542 En una guerra siempre está la justicia de parte de uno de los beligerantes, ¿cómo los espíritus se interesan por el que no tiene razón?

«Ya sabes perfectamente que hay espíritus que solo procuran la discordia y la destrucción. Para ellos la guerra es la guerra, y poco se cuidan de la justicia de la causa.»

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He aquí el hombre

Su presencia molestaba. Su pureza y el absoluto desinterés por las nimiedades humanas, Lo habían tornado antipático a los poderosos, y Su autoridad moral aterraba a los débiles que se habían investido de falsa fuerza. A medida que crecía Su realidad entre las personas, más aumentaba la ola de odios y resentimientos contra Él. No se sometía a los dominadores de Roma y de Jerusalén, y no los respetaba porque conocía sus miserias, pero no los combatía. Ellos eran necesarios para sus contemporáneos, que se les asemejaban. Sería breve el curso de Su realización, y Él lo sabía. Por eso, no se detenía ante nada, dando la impresión de que quería que todo sucediera para que llegase Su Muerte, a fin de que triunfase la Vida.

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Muchas moradas

Dijo Jesús (Juan, 14:1-3): No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay…

Comenta Kardec, en El Evangelio según el Espiritismo (capítulo III, ítem 2): La casa es el Universo. Las diferentes moradas son los mundos que circulan en el espacio infinito y ofrecen, a los Espíritus que en ellos encarnan, moradas correspondientes al adelantamiento de los mismos Espíritus.

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