A mi amigo Don José Cuervo

Dices que oculte mi dolor profundo.
Dices que lance carcajada impía,
porque a ese necio y miserable mundo
le agrada ver de un mártir la agonía.

Tú también en la mísera existencia
en vez de flores encontraste abrojos,
llegando a poseer la triste ciencia
de reír a través de tus enojos.

Esa risa de loco desvarío
que arrastra en pos de sí placer y calma:
¡Yo también se reír, amigo mío,
con esa risa que desgarra el alma!

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