Meditar… respirar

Es natural. Nuestra mente sufre sed de paz, como la tierra seca tiene necesidad de agua fría. Por ello, ven a un lugar apartado, en el país de ti mismo, a fin de reposar un poco.

Olvida las fronteras sociales, los controles domésticos, las incomprensiones de los familiares, los asuntos difíciles, los problemas inquietantes, las ideas inferiores.

Retírate de los lugares comunes a los que aún te sujetas. Concéntrate por algunos minutos en la compañía de Cristo, en el barco de tus pensamientos más puros, sobre el mar de las preocupaciones cotidianas…

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