¿Existe amor en los animales?

El mundo parece volver su atención para los animales dándole la debida importancia que merecen. Científicos de varias regiones del planeta se empeñan en desvelar los secretos que envuelven a los seres llamados inferiores de la naturaleza. Hechos y acontecimientos registrados a lo largo de numerosas investigaciones revelan actitudes y comportamientos sorprendentes en el reino animal. ¿Cómo evaluar los sentimientos de esos seres maravillosos? ¿Serán sentimientos semejantes a los de los humanos? ¿Cómo explicar los celos, la depresión y otros disturbios de comportamiento presente en algunas especies animales? Asistiendo al canal Discovery, acompañé una investigación realizada por una científica americana, cuyo nombre no recuerdo, la cual acompañó un grupo de chimpancés durante algunos años, registrando el comportamiento colectivo e individual de sus componentes. Lo que más me impresionó fue el caso de una madre chimpancé y de su bebé que reveló desde edad tierna un «amor» obsesivo por ella. Ese sentimiento lo dominó hasta tal punto que, en el momento en que su madre quedó nuevamente preñada y, obedeciendo al instinto, inició el proceso natural de distanciamiento echándolo de su convivencia y de su dependencia, demostró una reacción diferente de los otros chimpancés de su edad: rehusó distanciarse de su madre. Para el chimpancé madre, ese comportamiento se volvió un gran problema, pues asediada durante el día por el hijo, acabó teniendo dificultades en el desenvolvimiento del embarazo dejando de alimentarse con lo necesario para suplir sus necesidades que ahora eran mayores en función de su estado. Consecuentemente, esto acabó comprometiendo su salud. Pero, aun así consiguió parir un nuevo hijo.

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Al Señor D. Antonio Capo. En la inauguración de su academia dramática

¡Cuánto tiempo hace ya que de tu acento
escuché la sentida vibración!
¡Cuánto tiempo hace ya que tu talento
me inspiró una profunda admiración!

Cuanto tiempo hace ya que en los vergeles
de Sevilla, trasunto del edén.
En sus bosques de acacias y laureles
formé coronas para orlar tu sien;

Pasaron años con su densa bruma;
y nunca, nunca te llegué a olvidar,
que el recuerdo del genio es cual la espuma
que orgullosa se eleva sobre el mar.

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