Dar y dejar

Cuando Cirilo Fragoso tocó las puertas de la Esfera Superior y fue atendido por un ángel que velaba, solícito, verificó con sorpresa, que su nombre no constaba entre los esperados del día.

-Hice mucha caridad– alegó, irritadizo, doné cuanto pude. Protegí a los pobres y enfermos, amparé a las viudas y a los huérfanos. Cuanto hice les pertenece. ¡Oh! Dios, ¿dónde está la esperanza de los que se entregaron a las promesas de Cristo?

Y comenzó a lloriquear desesperado, mientras el trabajador celestial, compadecido, observaba sus gestos. Fragoso traducía su pesar con la boca, no obstante, la conciencia, como si estuviera instalada ahora en sus oídos, lo instaba a recordar con ella. Era innegable, que amontonaba voluminosos bienes. Alcanzó retumbante éxito en los negocios a los que se dedicó y se desprendía del cuerpo terrestre en el catastro de los propietarios de gran expresión.

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