Parar para oír

¿Cómo está tu habilidad para oír a los demás? ¿Tienes paciencia para parar y escuchar a alguien? Aquí están algunas reflexiones importantes sobre el tema.

Millie Esposito oía, con atención, cuando uno de sus hijos tenía alguna cosa que decirle. Una cierta noche, estaba sentada en la cocina con su hijo, Robert, y, tras una rápida discusión sobre una idea que él alimentaba, él le dijo: Mamá, sé que usted me quiere mucho. La Sra. Esposito se conmovió y comentó: Por supuesto que te quiero. ¿Lo dudabas? Robert respondió: No, pero sé realmente que usted me quiere cuando quiero conversar sobre algo, y usted se detiene, solo para oírme.

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Contribuir

«Cada uno contribuya, según propuso en su corazón; no con tristeza o por necesidad, porque Dios ama al que da con alegría.» – Pablo. (II Corintios, 9:7.)

Cuando se divulgó la afirmativa de Pablo de que Dios ama al que da con alegría, mucha gente solo recordó la limosna material. Sin embargo, el loar no se circunscribe a las manos generosas que esparcen óbolos de bondad entre los necesitados y sufridores.

Naturalmente todos los gestos de amor entran en línea de cuentas en el reconocimiento divino, pero debemos considerar que el verbo contribuir, en la presente lección, aparece en toda su grandiosa excelsitud.

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