Cosecha de odio

-¡No! ¡No te quiero en mis brazos!- decía la joven madre, a quien la Ley del Señor confiriera la dulce misión de la maternidad, al hijo que le florecía en el seno,-¡No me robarás la belleza! Significas trabajo, renuncia, sufrimiento…

-¡Madre, déjame vivir!…- le suplicaba la criatura en el santuario de la conciencia -¡estamos juntos! ¡Dame la bendición del cuerpo! Debo luchar y regenerarme. Sorberé contigo la taza de sudor y lágrimas, procurando redimirme… Nos complementaremos. Dame abrigo y te daré alegría. Seré el retoño de tu amor, tanto como tú serás para mí el árbol de luz, en cuyas ramas tejeré mi nido de paz y esperanza…

Leer másCosecha de odio

La voz de un Ángel

I

En un artículo dije que conocía a una pareja joven unida en matrimonio hacía algunos meses, que suspiraban por tener un hijo. Dije también que Elisa, al comprender que un nuevo ser se agitaba en sus entrañas, fue completamente dichosa, y que su dicha se veía aumentada con la delirante alegría de su esposo. Efectivamente, la alegría de Antonio era inmensa; compraba juguetes y chucherías para recibir con regalos al primogénito esperado con tanta ansia. Llegó el feliz momento, y Elisa dio a luz a un niño, al que pusieron por nombre Adolfo. Creció el niño entre las caricias de sus padres, que muchas veces le formaban una cuna con sus brazos, y en ella le mecían, cubriéndole de besos. Adolfo correspondía a tan amorosas demostraciones con sus infantiles caricias, y a los diez meses andaba ya solo y salía a recibir a su padre cuando éste volvía de la oficina: era la verdadera alegría de la casa.

Leer másLa voz de un Ángel