La pereza

(Disertación moral dictada por San Luís a la señorita Ermance Dufaux ) – 5 de Mayo de 1858 .

– Un hombre salió de madrugada y se dirigió hacia la plaza pública para contratar obreros. Ahora bien, vio allí a dos hombres del pueblo que estaban sentados de brazos cruzados. Se acercó a uno de ellos y, abordándolo, le dijo “¿Qué haces aquí?” Y este le respondió: “No tengo trabajo”; aquel que busca obreros le dijo: “Toma tu azada y ven a mi campo, en la ladera de la colina donde sopla el viento del sur; cortarás el brezo y removerás la tierra hasta que llegue el atardecer; la tarea es ruda, pero tendrás un buen salario”. Y el hombre del pueblo cargó su azada sobre los hombros, agradeciéndole de corazón. Al oír esto, el otro obrero se levantó de su lugar y se aproximó, diciendo: “Señor, dejadme también ir a trabajar en vuestro campo”; y habiéndole dicho a ambos para seguirlo, el señor marchó adelante para mostrarles el camino.

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Salvación

1–¿Cuál es el mayor de todos los males?

El egoísmo. Detrás de todo lo que se hace de errado en la Tierra, hay siempre la vieja tendencia humana de cada uno cuidar de si y el resto que se dañe. Se manifiesta desde la más tierna infancia.

2–¿El egoísmo es una característica del Espíritu humano o se trata de un desvío en el proceso evolutivo?

El Espíritu transitó, en sus comienzos, por los reinos inferiores de la creación. En esos estados, el comportamiento egocéntrico, comprendiendo tanto animales como vegetales, es natural, controlado y limitado por el instinto. La tendencia del vegetal es chupar el suelo a su alrededor; el animal no ve horizontes más allá de sus propias necesidades o, precariamente, las de la prole. Traemos algo de esos instintos.

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