La gente necesita de gente

La señora llegó a la consulta sola. Con sus siete décadas de vida, era totalmente independiente. Sin embargo, a pesar del aparente vigor físico, el rostro se mostraba marchito, como una flor que había perdido la frescura de las mañanas.

Empezada la consulta, tras la descripción de los pequeños males que la incomodaban, el médico decidió ahondar más. ¿Por qué esa mirada tan apagada, como si los días ya no tuvieran brillo? Por eso, de forma sutil, fue preguntando a la paciente, con el fin de que le dijera cómo trascurrían sus días, cómo era su vida. Ella le dijo que era viuda. El marido se había ido hacía algunos años. Ella vivía sola. Había tenido cinco hijos. Todos habían cursado la universidad y ejercían sus profesiones con carreras exitosas. Cuatro de ellos se habían casado y tenían hijos. La más joven, sin embargo, no lo había hecho. Se había preocupado en atender sus sueños académicos y, al perseguirlos, había dejado de lado al matrimonio.

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Los tres amores

Una joven bella y pura
dejó el monasterio santo,
piensa encontrar la ventura
de ese mundo en la locura
donde solo hay mares de llanto.

Mil rendidos amadores
su cariño le han jurado.
le cantan trovas de amores
más vemos tras esas flores
un áspid emponzoñado.

Si te interesa lector
la historia de ella saber,
síguenos pues sin temor;
y oirás cántigas de amor
en un mundo de placer.

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