La prueba de la riqueza

“Jesús miró a su alrededor y dijo a sus discípulos: ¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero Jesús les repitió: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios. Ellos, más asombrados todavía, se decían: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús los miró y les dijo: Para los hombres esto es imposible; pero no para Dios, pues para Dios todo es posible.” (Marcos, X, 23-27).

La opulencia tiene sus virtudes, sus efectos gloriosos, pero son grandes los escollos de los que se hallan en la opulencia. Espíritus predestinados, tal vez para concurrir con mayor suma de beneficios para el engrandecimiento material, moral y espiritual de sus hermanos, ellos, la mayoría de las veces, se olvidan de la misión que vinieron a desempeñar.

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Pruebas de la existencia de Dios

4 ¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios?

«En el axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os contestará.»

Para creer en Dios, basta pasear la vista por las obras de la creación. El universo existe; luego tiene una causa. Dudar de la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto procede de una causa, y afirmar que la nada ha podido hacer algo.

5 ¿Qué consecuencia puede sacarse del sentimiento intuitivo que de la existencia de Dios tienen todos los hombres?

«Que Dios existe; porque, ¿de dónde provendría ese sentimiento si no estuviese basado en algo? También esto es una consecuencia del principio de que no hay efecto sin causa.»

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