M. Letil

M. Letil, fabricante cerca de París, murió en abril de 1864 de una manera horrible. Habiéndose encendido una caldera de barniz hirviendo, y derramándose sobre él, en un instante fue cubierto de una materia inflamada, y comprendió enseguida que estaba perdido. Solo a la sazón en el obrador con un joven aprendiz, tuvo el valor de ir hasta su casa, distante más de doscientos metros. Cuando pudieron darle los primeros auxilios, las carnes estaban quemadas y le caían del cuerpo y de la cara. Vivió así doce horas entre los más horribles sufrimientos, conservando, a pesar de esto, toda su presencia de espíritu hasta el último momento, y poniendo en orden sus asuntos con entera lucidez. Durante esta cruel agonía no se le oyó ninguna queja, ningún murmullo, y murió rogando a Dios.

Era un hombre muy honrado, de un carácter dulce y benévolo, amado y estimado de todos los que le habían conocido. Había abrazado con entusiasmo las ideas espiritistas, pero con poca reflexión, por cuyo motivo, como tenía alguna mediúmnidad, fue juguete de numerosas mistificaciones, que sin embargo no quebrantaron su fe. En ciertas circunstancias su confianza en lo que le decían los espíritus llegaba hasta la candidez.

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Medicamento eficaz

“… así es que el Espiritismo que toca las cuestiones más graves de la filosofía, a todas las ramas del orden social, que abraza a la vez al hombre físico y al hombre moral, es por sí mismo toda una ciencia, toda una filosofía que no puede ser aprendida en algunas horas como cualquiera otra ciencia.”

 EL LIBRO DE LOS MÉDUMS 1ª parte, Capítulo 2º – Ítem 13.

Desde que la luz estelar del Espiritismo nortea tu vida, abriendo claridades luminosas en el matorral por donde avanzas, en plena estancia carnal, ama a los espíritus arduos que te siguen atrás, en el interior del nido doméstico o alrededor de tus relaciones.

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