¡No bebo!

¡No bebo!, ¡he dicho que no bebo!…

Si, es verdad, he bebido mucho… como el que más… Me habéis visto borracho muchas veces, ¿por qué voy a negarlo? Antes de casado y después de casado… a pesar de lo que yo quería aquella mujer… Bastante la hice padecer con esto… por ella y por no verla llorar y desesperarse, me contenía más de cuatro veces… y por ella, casi llegue a privarme de la bebida, mientras vivió…. Pero cuando la perdí de aquel mal en cuatro días, tan joven, tan llena de vida, cuando me vi sólo con ese hijo, una criatura de cinco años… ¡aquella mujer tan buena, tan trabajadora, tan sufrida!… ¡cómo no se ha conocido otra!.

Vosotros sabéis lo que era para mí, cuantas veces me habéis dicho.-”¡que suerte, Juan has tenido!” ¡Y perderla así para siempre!, ¡verme solo entre aquellas cuatro paredes que se me caían encima!…

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893. ¿Cuál es la más meritoria de todas las virtudes?

– Todas las virtudes poseen su mérito, porque todas son indicios de progreso en la senda del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a las solicitaciones de las malas tendencias. Pero lo sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin abrigar segundas intenciones. La más meritoria de ellas es la que se basa en la más desinteresada caridad.

LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

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