Crisis sin dolor

Es fácil reconocer las crisis abiertas.

Prueba exteriorizada, dificultad a la vista. Surgen, comúnmente, en la forma de molestias, desencantos, accidentes o suplicios del corazón, atrayendo el concurso espontaneo de los circunstantes que se anclan a las víctimas, venciendo con serenidad y valor, tormentosos días de angustias, como quien atraviesa, sin mayores riesgos, largos túneles de aflicción.

Tenemos, sin embargo, calamitosas crisis sin dolor, las que se esconden bajo la seguridad de la superficie.

-Cuando nos acomodamos en la inercia, a pretexto de haber trabajado demasiado…

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Lo más importante

¿Debemos informar al paciente terminal sobre su situación? ¿No tiene el derecho de saber que es un condenado a la muerte? ¿Qué su hora está cerca? ¿Eso no lo ayudará a prepararse para la gran transición? Difícil responder, ya que raros se disponen a encarar el asunto con serenidad.

Miedo, inseguridad, apego a la vida física y a la familia, caracterizan las reacciones del hombre común delante de la muerte, creándole serios problemas al desligamiento espiritual, como el morador de una residencia en ruinas que rechazase admitir la necesidad de dejarla.

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