Sobre las sociedades espiritistas XXVI

El Espiritismo debería ser un escudo contra el Espíritu de discordia y desunión; pero este Espíritu en todo tiempo sacude su ponzoña sobre los humanos, porque está celoso de la felicidad que procura la paz y la unión.

¡Espiritistas! Él podrá, pues, penetrar en vuestras asambleas y no lo dudéis, procurará sembrar en ellas la defección, pero será impotente contra los que están animados de la verdadera caridad. Estad preparados y velad cesar en la puerta de vuestro corazón, como en la de vuestras reuniones para no dejar penetrar al enemigo.

Si vuestros esfuerzos son impotentes contra el de fuera, siempre dependerá de vosotros el impedirle el acceso de vuestra alma.

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