Sobre las sociedades espiritistas XXIII

El silencio y el recogimiento son condiciones esenciales para todas las comunicaciones formales. Nunca obtendréis esto de aquellos que solo sean atraídos a vuestras reuniones por la curiosidad: obligad, pues, a los curiosos que vayan a divertirse a otra parte, porque su distracción sería una causa de turbación.

No debéis tolerar ninguna conversación cuando se pregunta a los Espíritus. Algunas veces tenéis comunicaciones que existen réplicas formales por vuestra parte, y respuestas que no lo son menos de parte de los Espíritus evocados, que experimentan, creedlo bien, descontento por los cuchicheos continuos de ciertos asistentes; de aquí viene que nada hay completo ni verdaderamente formal; el médium que escribe, experimenta también distracciones muy perniciosas para su ministerio.

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Vida y valores (El tiempo libre que nos falta)

Hay una ley de la naturaleza que nos ajusta perfectamente en la relación con el trabajo. Esa ley se llama Ley del Reposo. Existe. Existe una ley del Reposo. Ley Divina. Una vez que Dios nos dio un cuerpo físico, capaz de sufrir con el pasar del tiempo, capaz de agotarse con nuestras actividades más densas, más rusticas, o con el pasar del tiempo, Él nos dotó de recursos de recomposición de ese cuerpo. Pero, para que esos recursos de recomposición se establezcan y den frutos, será necesario que colaboremos para eso.

La Ley del Reposo, que encontramos en un libro muy interesante, que es El libro de los Espíritus, de Allan Kardec, ese trabajo que Dios desea que realicemos, tiene como respaldo ese descanso que Él espera que tengamos. Todas las veces que trabajamos excesivamente o que trabajamos mucho, durante algún tiempo, el organismo va resintiéndose. El desgaste nos va llevando a un estado de cansancio, a veces de irritabilidad, que hace que se llama internacionalmente de estrés.

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