Yo protesto

Lamentablemente, la libertad es una conquista que no todos los seres humanos comprenden. Algunos sectores de la sociedad la confunden con el libertinaje, el permiso que les da el derecho a la falta de respeto a todo cuanto les perturba o les impone disciplina moral. Cada día acompañamos la perversión de las costumbres y los atentados de variada orden, utilizados insensatamente por esos libertinos escudados en el derecho que niegan a los demás.

No hace mucho, en nombre de la cultura, vimos exhibirse desnudo a un hombre en el Museo de Arte Moderno de São Paulo, que se dispuso permitirse palpar por niños en nombre de la libertad. Otras exposiciones perversas fueron presentadas en Porto Alegre y en Belo Horizonte, en nombre del arte, en espectáculos obscenos y de bajo tenor moral, en una presentación psicopatológica, exaltada por los mismos representantes del llamado progreso cultural. Hace pocos días, en São Paulo, en el desfile de Carnaval, la Escuela de Samba Gaviões da Fiel exhibió un cuadro horripilante, ironizando a Jesús, que era presentado semidesnudo, golpeado por Satanás, que lo martirizaba con un tridente, matándolo, mientras calaveras bailaban samba a su alrededor.

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