La mujer más venerada

Una de las más bellas descripciones de la interferencia de los Mensajeros Celestiales, sea tal vez la conocida como la Anunciación. Según el Evangelista Lucas, al entrar el ángel donde estaba la joven María, dijo: Salve, llena de gracia. El Señor está contigo. Y le dice que ella concebirá y dará a luz un hijo, que se llamará Jesús. Predice que Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo y que su reino no tendrá fin.

María establece con él un diálogo, disipando sus dudas respecto a cómo todo eso habría de suceder. Al final, ella era conocedora de las profecías respecto del Mesías. De entre los cuatro Evangelistas, solamente Lucas, el redactor del tercer Evangelio, describe detalles no encontrados en los demás. Eso porque, siguiendo las orientaciones y los deseos de Pablo de Tarso, su Evangelio fue escrito a partir de muchas entrevistas con los que vivieron y convivieron con Jesús. Naturalmente, María, Su madre, fue la primera entrevistada. Justamente por esta razón, es que solamente él destaca su canto de gratitud y alabanza al Señor de la Vida, el Magníficat: Proclama mi alma la grandeza del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha puesto Sus ojos en la humildad de Su sierva. Y entendiendo exactamente el alcance de la misión que le competía, y del Ser a quien ella ofrecería un cuerpo, completa: Por esto, desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada.

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