Sobre las sociedades espiritistas XVI

¿Por qué no empezáis vuestras sesiones por una invocación general, una especie de plegaria que prepararía al recogimiento? Porque es menester que sepáis que sin el recogimiento solo obtendréis comunicaciones ligeras; los Espíritus buenos solo van adonde se les llama con fervor y sinceridad. Esto es lo que no se comprende bastante; a vosotros, pues, toca el dar ejemplo; a vosotros que si lo queréis podéis llegar a ser una de las columnas del nuevo edificio.

Vemos vuestros trabajos con placer y los ayudamos, pero a condición de que nos secundéis desde vuestro lado y que os mostréis a la altura de la misión que fuisteis llamados a cumplir. Formad, pues, la unión y seréis fuertes y los Espíritus malos no prevalecerán contra vosotros.

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A la memoria de mi padre

Eras joven, feliz, pero la muerte
tendió sobre tu sien su mano fría:
¿Por qué habrá sido tan fatal tu suerte?
¿Por qué tan horrible tu agonía?…

Tu vida de placer y de ventura,
tu existencia de goces y de encanto.
¡Quién dijera que muerte prematura
te hiciera derramar copioso llanto!

Cuando reconociste que la hora
era llegada de fatal partida,
exclamaste con voz desgarradora:
“¿Cuál será? ¡Oh cielos, mi segunda vida!

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