¿Somos todos médiums?

Creo, por mis pesquisas y experiencias, que el intercambio mediúmnico no ocurre con la frecuencias que imaginamos. En general, lo que llamamos de mediúmnidad es solamente nuestra sensibilidad parapsíquica, o sea, nuestra percepción del mundo espiritual, de los espíritus y de las relaciones energéticas que establecemos con las cosas, ambientes y personas. Lo voy a explicar mejor.

Todos somos sensibles a las energías que nos rodean, así como somos sensibles a los pensamientos y emociones que muchos espíritus nos dirigen. Podemos, por ejemplo, sentir la presencia de un espíritu desequilibrado y tenemos, como reacción, una sensación desagradable, inexplicable… un dolor de cabeza, inquietud… o sentir irritación, angustia. Ese proceso, generalmente, es inconsciente. Claro que esas reacciones pueden ser de origen puramente fisiológico o anímico. Cada caso es un caso, no podemos generalizar…

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Cree y sigue

«Así como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo.» —Jesús. (Juan, 17:18.)

Si abrazaste, mi amigo, la tarea espirita-cristiana, en nombre de la fe sublimada, sediento de vida superior, recuerda que el Maestro te envió el corazón renovado al vasto campo del mundo para servirlo.

No sólo enseñarás el buen camino. Actuarás de acuerdo con los principios elevados que pregonas. Dictarás directrices nobles para los demás, con todo, marcharás dentro de ellas, a tu vez. Proclamarás la necesidad de buen ánimo, pero siguiendo, adelante por el camino, sembrando alegrías y bendiciones, aun cuando seas incomprendido de todos.

No te contentarás en distribuir monedas y beneficios inmediatos. Darás siempre algo de ti mismo al que necesita.

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