Simplicidad y grandeza del Espiritismo

La Doctrina Espírita, por sus fundamentos y desdoblamientos propios de su contenido doctrinario, es grandiosa por varias razones. Entre ellas, se destacan los beneficios directos del esclarecimiento a la mente humana, basados en la más perfecta lógica y buen sentido, además del alivio al corazón por el consuelo propio del mensaje totalmente estructurado en el Evangelio de Jesús. Sus respuestas a las extensas cuestiones humanas, todas construidas en las bases de la ciencia, de la filosofía y de la religión, además de su triple aspecto de sus fundamentos, atienden a todos los estadios del intelecto humano, cuando la persona se libere de preconceptos y acepte estudiar para conocer al menos, aunque a título cultural, pues la Doctrina Espírita desea sólo ser conocida, nunca impuesta.

Sus bases inspiran el amor al prójimo, en el amplio sentido de la caridad, dispensan cualquier formalismo o rituales, invitan a la fe racional y estimulan el autoperfeccionamiento y el trabajo en el bien como herramientas de conquista del mérito de la felicidad accesible a cualquier persona. Por eso, están distantes de la práctica espírita las manifestaciones de la vanidad, de la autopromoción, de la imposición de ideas, de los abusos de cualquier especie, de la explotación de la fe e incluso la obtención de cualquier ventaja. Y como ahora la idea espírita ya encuentra una amplia aceptación en el medio popular, surgen los peligros de la infiltración de ideas y posicionamientos extraños a la simplicidad y grandeza del mensaje espírita.

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Médium confundido

Como dijo Allan Kardec, el insigne Codificador del espiritismo, sin duda alguna, el mayor adversario de la mediúmnidad es la obsesión, y sus antídotos eficaces son, como lo dijimos anteriormente, el conocimiento y la práctica sana de la doctrina incorporada al quehacer diario. Sin embargo, sólo ocurre la obsesión, porque el adversario espiritual encuentra en quien persigue, las conexiones necesarias para poder establecerse de una manera nociva, éstas son procedentes de experiencias anteriores o en la actualidad son producto de una conducta incorrecta.

Referente a las vicisitudes originadas en el pasado, el hombre dispone en la actualidad, de una formación corpórea para redimirse, para fortalecer la existencia con valores positivos que le permitan adquirir bendiciones, para disciplinarse y para producir con valentía los elevados objetivos de la vida. Cuando el hombre toma conciencia del significado de su reencarnación, invierte todos los recursos morales e intelectuales con la finalidad de mejorar, limando las asperezas que representan los vicios y defectos que contribuyeron a su caída en la desdicha.

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