Muerte de niños

El desencarne en la infancia, incluso en circunstancias trágicas, es más tranquilo, ya que en esa fase el Espíritu permanece en estado de somnolencia y despierta lentamente para la existencia terrestre. Solamente a partir de la adolescencia es cuando entrará en la plena posesión de sus facultades.

Ajeno a las circunstancias humanas él se exime de envolverse con vicios y pasiones que tanto comprometen la experiencia física y dificultan un retorno equilibrado a la Vida Espiritual. El problema mayor es la tela de retención, formada con intensidad, ya que la muerte de un niño/a provoca una gran conmoción, incluso en personas no unidas a él o ella directamente.

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