Sociabilidad

“El hombre es un animal social”, ya lo decía, con acierto, un famoso pensador de la Antigüedad, queriendo significar con eso que él fue creado para vivir, o mejor, convivir con sus semejantes. La sociabilidad es instintiva y obedece a un imperativo categórico de la ley del progreso que rige a la Humanidad. Es que Dios, en Sus sabios designios, no nos hizo perfectos, nos hizo perfectibles; así para alcanzar la perfección a la que estamos destinados, todos necesitamos unos de los otros, pues no hay cómo desarrollar y modelar nuestras facultades intelectuales y morales si no en la convivencia social, en esa permuta constante de afectos, conocimientos y experiencias, sin la cual la suerte de nuestro espíritu sería el embrutecimiento y la debilitación.

Siendo el fin supremo de la sociedad promover el bienestar y la felicidad de todos los que la componen, para que tal sea alcanzado hay necesidad de que cada uno de nosotros observe ciertas reglas de procedimiento dictadas por la Justicia y por la Moral, absteniéndose de todo lo que las pueda destruir.

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La mejoría de la muerte

Delante del agonizante el sentimiento más fuerte en aquellos que se unen a él afectivamente es la de la pérdida personal.

“¡Mi marido no puede morir! ¡Él es mi apoyo, mi seguridad!”

“¡Mi esposa querida! ¡No me dejes no podré vivir sin ti!”

“¡Hijo mío, hijo mío! ¡No te vayas! ¡Eres muy joven!

“¿Qué será de mi vejez sin tu amparo?”

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