Lenguaje que debe tenerse con los Espíritus

280. El grado de inferioridad o superioridad de los Espíritus, naturalmente, indica el tono que conviene tenerse con ellos. Es evidente que cuanto más elevados están, más derecho tienen a nuestro respecto, a nuestras consideraciones y a nuestra sumisión. No les debemos menos deferencia que cuando vivían y además por otros motivos: en la Tierra hubiéramos considerado su rango y su posición social; en el mundo de los Espíritus nuestro respeto sólo se dirige a la superioridad moral. Su misma elevación les pones sobre las puerilidades de nuestras formas aduladoras. Por las palabras no es como podemos captar su benevolencia; es por la sinceridad de sentimientos. Sería, pues, ridículo, darles los títulos que nuestros usos consagran a la distinción de las clases y que, viviendo, podrían haber lisonjeado su vanidad; si realmente son superiores, no solamente no hacen caso de eso, sino que les disgusta.

Un buen pensamiento les es más agradable que los honores más laudables; si fuese de otro modo no estarían más elevados que la Humanidad. El Espíritu de un venerable eclesiástico que en la Tierra fue un príncipe de la Iglesia, hombre de bien, y que practicaba la ley de Jesús, respondió un día a uno que le evocaba, dándole el título de Monseñor: “Al menos deberías decir ex Monseñor, porque aquí no hay otro señor que Dios; debes saber que yo veo algunos aquí que en la Tierra se arrodillaban delante de mí y ante los cuales yo mismo me inclino ahora”. En cuanto a los Espíritus inferiores, su carácter nos traza el lenguaje que conviene tener con ellos.

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Diez maneras de amarnos a nosotros mismos

1 – Disciplinar los propios impulsos.

2 – Trabajar, cada día, produciendo lo mejor que podemos.

3 – Atender los buenos consejos que trazamos para los otros.

4 – Aceptar sin rebeldía la crítica y la reprobación.

5 – Olvidar las faltas ajenas sin disculpar las nuestras.

6 – Evitar las conversaciones inútiles.

7 – Recibir en el sufrimiento el proceso de nuestra educación.

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Vida y valores (La bendición del cuerpo)

San Francisco de Asís acostumbraba decir que su cuerpo era un dulce burrito. Y explicaba que aquel burrito lo llevaba por todas partes. Obediente, tranquilo, exigiéndole muy poco, con muy pocas necesidades. Cuando pensamos en esa imagen creada por Francisco, de que nuestro cuerpo sería nuestro burrito imaginamos que él es nuestro instrumento de trabajo en la Tierra. Es gracias a nuestro cuerpo que nosotros, seres espirituales, aprendemos en el camino de la evolución. Del mismo modo que, para desplazarnos en el mundo, necesitamos de vehículos que nos lleven de aquí para allí, para venir del mundo de los Espíritus para la Tierra, todos precisamos de ese instrumento corporal, de ese vehículo que llamamos cuerpo físico.

Parece, sin embargo, que poca gente da importancia al cuerpo físico como debería darse. Lo trata con una cierta dejadez, con cierta indiferencia, con ciertos descuidos. El cuerpo físico es, de hecho, esa oficina notable de bendiciones, ese burrito maravilloso que nos lleva para todo lugar. Pero tiene necesidades propias.

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Simplicidad y grandeza del Espiritismo

La Doctrina Espírita, por sus fundamentos y desdoblamientos propios de su contenido doctrinario, es grandiosa por varias razones. Entre ellas, se destacan los beneficios directos del esclarecimiento a la mente humana, basados en la más perfecta lógica y buen sentido, además del alivio al corazón por el consuelo propio del mensaje totalmente estructurado en el Evangelio de Jesús. Sus respuestas a las extensas cuestiones humanas, todas construidas en las bases de la ciencia, de la filosofía y de la religión, además de su triple aspecto de sus fundamentos, atienden a todos los estadios del intelecto humano, cuando la persona se libere de preconceptos y acepte estudiar para conocer al menos, aunque a título cultural, pues la Doctrina Espírita desea sólo ser conocida, nunca impuesta.

Sus bases inspiran el amor al prójimo, en el amplio sentido de la caridad, dispensan cualquier formalismo o rituales, invitan a la fe racional y estimulan el autoperfeccionamiento y el trabajo en el bien como herramientas de conquista del mérito de la felicidad accesible a cualquier persona. Por eso, están distantes de la práctica espírita las manifestaciones de la vanidad, de la autopromoción, de la imposición de ideas, de los abusos de cualquier especie, de la explotación de la fe e incluso la obtención de cualquier ventaja. Y como ahora la idea espírita ya encuentra una amplia aceptación en el medio popular, surgen los peligros de la infiltración de ideas y posicionamientos extraños a la simplicidad y grandeza del mensaje espírita.

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Médium confundido

Como dijo Allan Kardec, el insigne Codificador del espiritismo, sin duda alguna, el mayor adversario de la mediúmnidad es la obsesión, y sus antídotos eficaces son, como lo dijimos anteriormente, el conocimiento y la práctica sana de la doctrina incorporada al quehacer diario. Sin embargo, sólo ocurre la obsesión, porque el adversario espiritual encuentra en quien persigue, las conexiones necesarias para poder establecerse de una manera nociva, éstas son procedentes de experiencias anteriores o en la actualidad son producto de una conducta incorrecta.

Referente a las vicisitudes originadas en el pasado, el hombre dispone en la actualidad, de una formación corpórea para redimirse, para fortalecer la existencia con valores positivos que le permitan adquirir bendiciones, para disciplinarse y para producir con valentía los elevados objetivos de la vida. Cuando el hombre toma conciencia del significado de su reencarnación, invierte todos los recursos morales e intelectuales con la finalidad de mejorar, limando las asperezas que representan los vicios y defectos que contribuyeron a su caída en la desdicha.

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Gracia,29 de junio de 1881

La pensión la recibí hasta diciembre de 1884, percibiendo desde el mes de julio de 1881 hasta diciembre de 1884, 3.139 pesetas. Sucedió después lo que era de esperar. Aunque la suscripción era voluntaria, por el mero hecho de suscribirse ya era obligatorio contribuir en mayor o menor cantidad. Y nada más enojoso que una limosna obligatoria. Así es que de tantos suscriptores que contribuyeron a mi pensión, hoy sólo quedan diez o doce que muy de tarde en tarde me envían la expresión material de su recuerdo. Mas ¿qué importa que de mi pensión sólo quede la historia? ¿Dejará por esto de haber sido una prueba del interés y de la simpatía que inspiré a mis hermanos? Lo que de la Tierra es, en la Tierra se queda. Recibí el auxilio cuando en realidad lo necesitaba, y dejé de disfrutar de aquél beneficio cuando mi trabajo comenzó a darme algún fruto. Me olvidaron los que me daban dinero, pero no me olvidarán los que por mí han conocido las verdades eternas.

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Por qué mueren las flores

No hay lugar para el acaso en la existencia humana. Dios no es un jugador de dados distribuyendo alegría y tristeza, felicidad e infelicidad, salud y enfermedad, vida y muerte, aleatoriamente.

Existen leyes instituidas por el Creador que disciplinan la evolución de Sus criaturas, ofreciéndoles experiencias compatibles con sus necesidades. Una de ellas es la Reencarnación, determinando que vivamos múltiples existencias en la carne, como alumnos internados en un colegio, periódicamente, para un aprendizaje especifico.

El conocimiento reencarnatório nos permite descubrir los intrincados problemas del Destino.

Dios sabe lo que hace cuando alguien retorna a la Espiritualidad en plena floración infantil.

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Tragedias Colectivas – ¿Por qué suceden?

Casos como de la imagen de arriba, donde desencarnaron casi 300 jóvenes, nos dejan profundamente tristes e inconformados. ¿Por qué Dios permite eso? Muchos preguntan en lágrimas. Para nosotros, simples mortales, es difícil entender una tragedia colectiva, pero, todo en la Ley de Dios, tiene un propósito mayor y, en el caso de los desencarnes colectivos, el nombre es Regeneración de la Humanidad.

Por lo que observamos, en cuanto vivimos, la evolución es siempre lenta, entonces, Dios, de vez en cuando acelera esa evolución, cambiando Espíritus de menor conocimiento por Espíritus más instruidos, y, así, vamos evolucionando hasta llegar al Plano Iluminado Mayor, donde habita Dios y no necesitamos reencarnar más, a no ser para cumplir misiones de ayuda humanitaria.

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Tú puedes, si quieres

Si tú quieres, tú puedes liberarte de las drogas, ¡ahora que es tiempo! ¡Como hijo de Dios, tú posees dentro de ti infinitos recursos para auto superarte! ¡No te dejes vencer!

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Comienza por aceptar que existe un problema contigo, porque muchos se niegan a admitir que sean viciados y lo dificultan todo. No te reveles y no te entregues a la melancolía, sobre todo, sé sincero contigo mismo.

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No esperes victorias fáciles e inmediatas, ni desistas en el primer intento. Colócate de pie, cuantas veces fueran necesarias, y camina hacia el frente, paso a paso. Procura asimilar los consejos de aquellos que te aman. No huyas de la presencia de los amigos, pero evita, en lo posible, frecuentar lugares que faciliten tu contacto con personas que hacen uso de las drogas.

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Muerte de niños

El desencarne en la infancia, incluso en circunstancias trágicas, es más tranquilo, ya que en esa fase el Espíritu permanece en estado de somnolencia y despierta lentamente para la existencia terrestre. Solamente a partir de la adolescencia es cuando entrará en la plena posesión de sus facultades.

Ajeno a las circunstancias humanas él se exime de envolverse con vicios y pasiones que tanto comprometen la experiencia física y dificultan un retorno equilibrado a la Vida Espiritual. El problema mayor es la tela de retención, formada con intensidad, ya que la muerte de un niño/a provoca una gran conmoción, incluso en personas no unidas a él o ella directamente.

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