Ante los pequeñuelos

El niño es una edificación espiritual de los responsables por él. No existe niño –ni uno solo- que no solicite amor y auxilio, educación y entendimiento. Cada pequeñuelo, aunque sea, por lo general, un espíritu adulto, trae el cerebro extremadamente sensible por el hecho de estar recomenzando el trabajo de la reencarnación, tornándose, por eso mismo, un observador riguroso de todo lo que usted habla o hace.

La mente infantil nos dará de vuelta, en el futuro, todo aquello que le demos ahora. Todo niño es un mundo espiritual en construcción o reconstrucción, solicitando material digno a fin de consolidarse.

Ayude a los niños de hoy a pensar con acierto dialogando con ellos, dentro de las normas de respeto y sinceridad que usted espera de los otros, con relación a usted.

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Dificultades del retorno

La progresiva debilidad del paciente, llevándolo a la inconsciencia, representa una especie de anestesia general para el Espíritu que, con raras excepciones, duerme para morir, no teniendo conocimiento de la gran transición.

Individuos equilibrados, con amplio bagaje de realizaciones en el campo del Bien, superan la “anestesia de la muerte”, y pueden perfectamente acompañar el trabajo de los técnicos espirituales. Eso podrá ocasionarle algún malestar, como un paciente que presenciase una delicada intervención quirúrgica en si mismo, pero les favorecerá la integración en la vida espiritual.

Consumado el desprendimiento se situará plenamente consciente, lo que no ocurre con el hombre común que, durmiendo para morir, se siente aturdido al despertar, conmovido por impresiones de la vida material, particularmente aquellas relacionadas con las circunstancias del desencarne.

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