Balance

La inminencia de la muerte dispara un curioso proceso de reminiscencia. El moribundo revive, en corto espacio de tiempo, las emociones de toda la existencia, que se suceden en su mente como una prodigiosa película con imágenes proyectadas en una velocidad vertiginosa.

Es una especie de balance existencial, un levantamiento de débito y crédito en la contabilidad divina, definiendo la posición del Espíritu al retornar a la Espiritualidad, frente a sus acciones buenas o malas, considerándose que podrán favorecerlo solamente los valores que “las polillas no roen ni los ladrones roban”, a que se refería Jesús, conquistados por el esfuerzo del Bien. Se trata de un mecanismo psicológico automático que puede ser disparado en la intimidad de la consciencia sin que la muerte sea consumada. Son frecuentes los casos en que el “muerto” resucita, espontáneamente o mediante las movilizaciones de recursos variados. 

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Vida y valores (Jesús y su Navidad)

En la antigüedad encontramos una fiesta muy curiosa, realizada en Europa Occidental. Era una fiesta en honra al dios Apolo, que demarcaba oficialmente la entrada del solsticio de invierno. Esta fiesta era marcada el día veintidós de diciembre, cuando entraba oficialmente el riguroso invierno europeo. Esa era una fiesta que reunía mucha gente, principalmente en Roma, porque el templo de Apolo atraía mucha gente, de todas las regiones dominadas por Roma, alrededores, para la fiesta que tenía lugar en la Capital. Era una fiesta que hoy llamamos, los historiadores llaman, de una fiesta eminentemente pagana porque, durante tres días, el pueblo se unía en torno a la figura del dios Apolo, que representaba el sol.

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