Ni virtudes ni defectos

Hace pocos días me visito una mujer de larga historia, la cual tiene un ingenio prodigioso para hacerse desgraciada, porque, si bien sobre su ser han caído grandes calamidades, ella las aumenta y las multiplica por su delicadeza extrema, por su exceso de dignidad, por no amoldarse a las circunstancias de su vida; y pensando en ella una tarde, en esa hora melancólica del crepúsculo vespertino, sostuve con un espíritu el diálogo siguiente:

-Dime, mi buen amigo invisible, yo no acierto a comprender si María tiene más virtudes que defectos, o más defectos que virtudes. ¿Qué te parece a ti?

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Concurso Espiritual

La expresión “desligamiento” define bien el proceso de la desencarnación. Para que el Espíritu se libere debe ser desligado del cuerpo físico, ya que permanecemos unidos a él por cordones fluídicos que sustentan nuestra comunión con la materia.

Observadas las necesidades de especialización, como ocurre en cualquier actividad humana, hay técnicos que se aproximan al desencarnante, promoviendo, con recursos magnéticos, su liberación. Solamente individuos muy evolucionados, con gran desarrollo mental y espiritual, prescinden de esa ayuda. Eso significa que siempre contaremos con ayuda especializada en la gran transición, al lado de la presencia de amigos y familiares que nos antecedieron. Naturalmente, el apoyo mayor o menor de la Espiritualidad está subordinado a los méritos del desencarnante. Si virtuoso y digno, merecerá atención especial, y tan pronto sea consumada la desencarnación, será conducido a las instituciones asistenciales que favorecerán su readaptación a la Vida Espiritual.

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