La lluvia de los ojos

“Llueve.
En la fuente de las aguas, llueve.
En la frente de las lágrimas del pasado callado.
Lavando la lluvia de los ojos cansados.
Lloviendo en los mares, en los mares amados.”

¿Hace cuánto tiempo que usted no llora? ¿Hace cuánto tiempo sus ojos no son inundados por lágrimas, por estas pequeñas gotas que parecen nacer en nuestro corazón? ¿Hace cuánto tempo? Así como el fenómeno natural de la precipitación atmosférica, la lluvia, realiza el trabajo de purificar la tierra, el agua y el aire, también nuestras lágrimas tienen tal función. La de limpiar nuestro interior, la de exteriorizar nuestras emociones, sean ellas de alegría o de pesar.

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La oración dominical

Demorábanse en el paisaje tranquilo los destellos del atardecer, matizando con tonos rosas, rojos y amarillos las nubes que pasaban. La brisa balanceaba el abanico verde de las palmeras exuberantes, cargadas de frutos. Revoloteaban en el aire, impregnando a los corazones, las ansias y emociones de los acontecimientos que hacía poco habían presenciado. El Maestro se agigantaba a los ojos de la multitud. Su estoicismo revelado a través de Su conducta austera, se exteriorizaba en la palabra, a veces dulce, a veces enérgica, y en las acciones nobles con las que favorecía a aquellos que Lo buscaban. Jamás alguien logró realizar tan admirables fenómenos de los que Él era solamente, sublime agente.

La envidia rastreaba Sus pasos, y las disputas vulgares entretejían duelos emocionales entre los frívolos que buscaban adaptarse a Él. Lo cierto es que había venido para liberar las conciencias y grabar vidas en los paneles del amor. De ese modo, las multitudes se sucedían unas a otras en torno de Él, sedientas, emocionadas, confiantes. Él era el portador de las bendiciones que todos necesitaban. Con Su sencillez inefable, penetraba en lo recóndito del ser, sin exhibir sus llagas. Sus silencios eran tan elocuentes como Sus palabras, dejando impresas en las almas, las marcas de luz de la liberación. Hacía poco, Su voz había envuelto a los hombres en las esperanzas y consuelos del soberano código de las Bienaventuranzas. (1)

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Entre el negativismo y la superstición: El equilibrio Espiritual del hombre

Fragilidad de las posiciones extremas del espíritu – Fijación de la mente en el torbellino del mundo material o de las convenciones religiosas — La lucha espírita por el esclarecimiento espiritual del hombre. La vida pierde su sentido, su significación, su razón de ser, cuando el hombre se aleja de la comprensión espiritual, buscando en el mundo material la única explicación de las cosas.

El llamado hombre práctico de nuestros días, enteramente inmerso en los problemas inmediatos, funciona como una máquina. Está muy próximo a la concepción cartesiana de los animales: cuerpos en actividad mecánica, sin alma. Si en medio de ese funcionamiento inconsciente a que se entrega, alguna desgracia le ocurre, los horizontes se cerrarán a su alrededor.

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Mediúmnidad y locura

Cómo distinguir límites y diferencias.

Las personas que son acometidas de experiencias mediúmnicas pueden presentar pensamientos y sensaciones que, cuando no son debidamente identificados, debido a la falta de conocimiento del propio individuo, familiares y médicos, pueden culminar en consecuencias desastrosas. Nosotros aún tenemos la tendencia de analizar las situaciones bajo una óptica basada en los conceptos del siglo XIX, considerando todo como si fuera regido por las leyes de la Física Clásica. A esta tendencia, se acostumbra a denominar de “visión newtoniana”, pues es muy fácil para la mente humana, elaborar pensamientos sobre asuntos con los cuales estamos envueltos en nuestro día a día y objetos concretos, del tipo que podemos ver y sentir.

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El perdón

El perdón real es siempre acompañado por el olvido del mal recibido.

Si perdonas, y sin embargo te refieres al acontecimiento, estás vitalizando el error.

Trabaja la inferioridad personal que se fija en el recuerdo del sufrimiento experimentado y agradece la oportunidad de perdonar.

¿Cómo evolucionar, sin las evaluaciones de perfeccionamiento moral?

El Perdón, que ahora concedes, será tu padrino mañana cuando necesites de la benevolencia y de la disculpa de otra persona.

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Desligamiento

La desencarnación, la manera como el Espíritu, con su revestimiento periespiritual, deja el cuerpo, es inaccesible a la Ciencia de la Tierra, en su estadio actual de desarrollo, ya que ocurre en la dimensión espiritual, que ningún instrumento científico, por más sofisticado que sea, ha conseguido ver.

Estamos, por tanto, circunscritos a las informaciones de los Espíritus, que chocan en las dificultades impuestas por nuestras limitaciones (algo como explicar el funcionamiento del sistema endocrino a un niño), y por la ausencia de similitud (elementos de comparación entre los fenómenos biológicos y los espirituales). Sin entrar, por tanto, en detalles técnicos, se podría decir que el desencarne comienza por las extremidades y va completándose en la medida en que son desligados los cordones fluídicos que prenden al Espíritu al cuerpo.

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La curación por la fe

Para el apóstol San Pablo, “Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven”. La fe es una fuerza que emana de la propia alma, la certeza intuitiva de la sabiduría de Dios que se refleja en la perfección de todo lo que existe. Es la fuerza que propulsa las acciones humanas en todos los sectores de la vida, cualquiera que sea la religión o la concepción filosófica que la persona pueda tener. La fe es, igualmente, un requisito fundamental para la propia vida, como mencionan las Escrituras, que “lo justo vivirá por la fe”. (Hab 2, 4).

Allan Kardec en El Evangelio Según el Espiritismo, dice que: “la fe no se prescribe, ni se impone”. Habla de la fe ciega y de la fe razonada. La fe ciega es la que acepta las cosas sin un análisis más profundo, y afirma que solamente la fe que se basa en hechos tiene el mérito de la veracidad. La fe es una virtud maravillosa que ayuda siempre al ser humano, en la condición de cuando desea alguna cosa para sí mismo o para sus semejantes, y cuando actúa como intermediario en las acciones de cura espiritual de los enfermos que lo buscan. Así, Jesús, cuando se encontraba en medio de la multitud, curó a una mujer que sufría una hemorragia desde hacía 12 años.

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Confiados y serenos

Alabado sea Dios que permite que sea el espacio saneado por la tormenta y que desenvuelve la restauración de la paz en todos los elementos, en el instante oportuno. Comprendemos la extensión de las dificultades, de las luchas, de los sin sabores y de los tropiezos con que todos somos confrontados.

Dulce es el día de cielo azul, cuando todos se embalan en perspectivas de deleitoso descanso, pero, amenazadora es la hora de la nube, cuando es preciso soportar los peligros y dificultades de la tempestad purificadora a la que nos reportamos desde el inicio. Entretanto, benditos serán siempre los que velan por la conservación de la luz, los que demuestran bastante serenidad para la victoria espiritual y que saben aguardar, trabajando, el retorno de la claridad mayor.

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