Un cuento de navidad

Siempre está viva la fe en el corazón de los hombres… Dijo el sacerdote al ver la iglesia llena. Eran obreros del barrio más pobre de Río de Janeiro, reunidos esa noche con un solo objetivo común: la misa de navidad.

Se sintió muy confortado. Con paso digno, llegó al centro del altar. a, b, c, d,… Era, al parecer, un niño el que perturbaba la solemnidad del oficio. Los asistentes se volvieron hacia atrás, algo molestos. a, b, c, d,…

¡Para! – dijo el cura.

El niño pareció despertarse de un trance. Lanzó una mirada temerosa a su alrededor y su rostro enrojeció de vergüenza.

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La traición

Un lector nos ha pedido que hablásemos sobre la traición. Él quiere saber por qué hay personas que traicionan la confianza de amigos o familiares. Pregunta también, si no se puede confiar en nadie, con excepción de Dios.

Primero, debemos considerar que este asunto debe interesarnos a muchos, pues pocas son las personas que aún no han probado el amargo sabor de una traición. A su vez, lo inverso también sucede. Somos pocos los que estamos exentos de haber traicionado la confianza que alguien depositó en nosotros, en algún momento de la vida. Esta situación refleja las condiciones morales de los espíritus reencarnados en la Tierra. Incluso, el Espíritu más perfecto que la Tierra ha conocido, no quedó libre de la traición.

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Ante los pequeñuelos

El niño es una edificación espiritual de los responsables por él. No existe niño –ni uno solo- que no solicite amor y auxilio, educación y entendimiento. Cada pequeñuelo, aunque sea, por lo general, un espíritu adulto, trae el cerebro extremadamente sensible por el hecho de estar recomenzando el trabajo de la reencarnación, tornándose, por eso mismo, un observador riguroso de todo lo que usted habla o hace.

La mente infantil nos dará de vuelta, en el futuro, todo aquello que le demos ahora. Todo niño es un mundo espiritual en construcción o reconstrucción, solicitando material digno a fin de consolidarse.

Ayude a los niños de hoy a pensar con acierto dialogando con ellos, dentro de las normas de respeto y sinceridad que usted espera de los otros, con relación a usted.

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Dificultades del retorno

La progresiva debilidad del paciente, llevándolo a la inconsciencia, representa una especie de anestesia general para el Espíritu que, con raras excepciones, duerme para morir, no teniendo conocimiento de la gran transición.

Individuos equilibrados, con amplio bagaje de realizaciones en el campo del Bien, superan la “anestesia de la muerte”, y pueden perfectamente acompañar el trabajo de los técnicos espirituales. Eso podrá ocasionarle algún malestar, como un paciente que presenciase una delicada intervención quirúrgica en si mismo, pero les favorecerá la integración en la vida espiritual.

Consumado el desprendimiento se situará plenamente consciente, lo que no ocurre con el hombre común que, durmiendo para morir, se siente aturdido al despertar, conmovido por impresiones de la vida material, particularmente aquellas relacionadas con las circunstancias del desencarne.

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¡Una flor sin abrir!

Entre las muchas dolencias que atormentan al cuerpo humano, una de las más terribles es la tuberculosis, que, por regla general, escoge a sus víctimas entre los jóvenes de ambos sexos. Tiene, sin embargo, esta dolencia, cierta poesía: muchos escritores han contado en sus novelas la muerte de alguna joven tísica, en el momento de engalanarse para ir a un baile, o cuando ha concluido de colocar sobre sus sienes la corona de azahares de desposada, o de escribir en su libro de memorias el itinerario de larguísimo viaje de recreo. Es enfermedad que embellece a veces a sus víctimas, animando de un modo particular la expresión de sus ojos, que adquieren una brillantez fosfórica, extraordinariamente luminosa.

En un viaje que hice a Tarrasa conocí a una niña de dieciséis años, presa de tan implacable dolencia. Durante algunas horas permanecí constantemente a su lado, estudiando en su frente y en sus ojos el porqué de su martirio. Sin ser bella en toda la acepción de la palabra, despierta las simpatías y atrae los corazones. Es blanco su cutis, transparente, ligeramente sonrosadas sus mejillas, una dulce sonrisa mueve sus labios, y en sus ojos, en la expresión de su mirada, se lee un amoroso idilio…

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El tamaño de nuestra cruz

La leyenda cuenta la historia de un joven agobiado por los continuos problemas que debía soportar. En su desesperación clamó a Dios de esta manera:

“Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada».

El señor, como siempre, acudió y le contestó.

«Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras».

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El vicio de las drogas

El vicio de las drogas se caracteriza por el impulso prácticamente incontrolable del viciado en buscar satisfacción en el ilusorio placer que las mismas pueden proporcionarle. La búsqueda de la droga evidencia la esclavitud en la que se encuentra el viciado, que busca en la misma manifestar su independencia con relación a sus semejantes, o a una situación que aparentemente disminuye su posición en la familia o en la sociedad, y reacciona agresivamente, procurando evidenciar un sentimiento de superioridad.

La inducción a las toxicomanías vienen, casi siempre, de la influencia o de la convivencia con los viciados, que pueden despertar, inicialmente, la curiosidad de las personas hacia su uso, llegando, así, a las primeras experiencias, aparentemente inocuas y que pueden proporcionarles un estado de euforia, de ilusoria disposición y coraje, para enfrentar situaciones en la vida, pero que exigen la continuidad de su ingestión.

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Miedo a la muerte

El miedo de la muerte resulta del instinto de conservación, que trabaja a favor del mantenimiento de la vida. No obstante, la vida es la conformación de todos los acontecimientos existenciales que ocurren durante la reencarnación – en el cuerpo – como afuera de él – en Espíritu.

El desconocimiento de la inmortalidad, las informaciones fragmentarias, las leyendas y fantasías, los misterios, la ignorancia, vistieron a la muerte de inusitadas e irreales expresiones, que no corresponden a la realidad. El fenómeno de la muerte responde al fatalismo biológico de las transformaciones moleculares del cuerpo. Con la desaparición de la forma, se sospechó que seguiría el aniquilamiento de la materia y no su responsable.

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Balance

La inminencia de la muerte dispara un curioso proceso de reminiscencia. El moribundo revive, en corto espacio de tiempo, las emociones de toda la existencia, que se suceden en su mente como una prodigiosa película con imágenes proyectadas en una velocidad vertiginosa.

Es una especie de balance existencial, un levantamiento de débito y crédito en la contabilidad divina, definiendo la posición del Espíritu al retornar a la Espiritualidad, frente a sus acciones buenas o malas, considerándose que podrán favorecerlo solamente los valores que “las polillas no roen ni los ladrones roban”, a que se refería Jesús, conquistados por el esfuerzo del Bien. Se trata de un mecanismo psicológico automático que puede ser disparado en la intimidad de la consciencia sin que la muerte sea consumada. Son frecuentes los casos en que el “muerto” resucita, espontáneamente o mediante las movilizaciones de recursos variados. 

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Vida y valores (Jesús y su Navidad)

En la antigüedad encontramos una fiesta muy curiosa, realizada en Europa Occidental. Era una fiesta en honra al dios Apolo, que demarcaba oficialmente la entrada del solsticio de invierno. Esta fiesta era marcada el día veintidós de diciembre, cuando entraba oficialmente el riguroso invierno europeo. Esa era una fiesta que reunía mucha gente, principalmente en Roma, porque el templo de Apolo atraía mucha gente, de todas las regiones dominadas por Roma, alrededores, para la fiesta que tenía lugar en la Capital. Era una fiesta que hoy llamamos, los historiadores llaman, de una fiesta eminentemente pagana porque, durante tres días, el pueblo se unía en torno a la figura del dios Apolo, que representaba el sol.

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