Fidelidad e intereses

Era una vez un joven que recibió del rey la tarea de llevar un mensaje y algunos diamantes a otro rey de una tierra lejana. Recibió también el mejor caballo del reino para transportarlo en la jornada. ¡Cuida de lo más importante y cumplirás la misión! Dijo el soberano al despedirse. Así el joven preparó sus alforjas. Escondió el mensaje en el dobladillo de los pantalones y puso las piedras en un bolso de cuero atado a la cintura, debajo de su vestimenta. Por la mañana bien temprano, desapareció en el horizonte. Y ni siquiera pensaba en fallar. Quería que todo el reino supiera que era un joven noble y valiente, listo para desposar a la princesa. A decir verdad, ese era su sueño y parecía que la princesa alentaba sus esperanzas.

Para cumplir rápidamente su tarea, muchas veces dejaba el camino y cortaba por atajos que sacrificaban a su cabalgadura. De esa forma, exigía el animal a lo máximo. Cuando se detenía en algún parador, dejaba el caballo a la intemperie, no le quitaba la silla ni la carga, tampoco se preocupaba en darle agua o comida. De esta manera joven, terminarás perdiendo el animal, alguien le dijo. Seguir leyendo “Fidelidad e intereses”

Lisbeth

Burdeos, 13 de febrero de 1863

Un espíritu que sufre se inscribe bajo el nombre de Lisbeth.

1. ¿Queréis darnos algunos detalles sobre vuestra situación y la causa de vuestros sufrimientos?

R. Sé humilde de corazón, sumiso a la voluntad de Dios, paciente en las pruebas, caritativo para el pobre, alentador del débil, ardiente de corazón para todos los sufrimientos, y no sufrirás los tormentos que yo sufro.

2. Si las faltas opuestas a las cualidades que manifestáis os han arrastrado, parece que las debéis sentir. ¿Os alivia, acaso, vuestro arrepentimiento? Seguir leyendo “Lisbeth”

Volver arriba