La fe y el amor

“Y una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años, que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado toda su fortuna sin obtener ninguna mejoría, incluso había empeorado, al oír hablar de Jesús, se acercó a él por detrás entre la gente y le tocó el manto, pues se decía: Con sólo tocar sus vestidos, me curo. Inmediatamente, la fuente de las hemorragias se secó y sintió que su cuerpo estaba curado de la enfermedad. Jesús, al sentir que había salido de él aquella fuerza, se volvió a la gente y dijo: ¿Quién me ha tocado? Sus discípulos le contestaron: Ves que la multitud te apretuja, ¿y dices que quién te ha tocado? Él seguía mirando alrededor para ver a la que lo había hecho. Entonces la mujer, que sabía lo que había ocurrido en ella, se acercó asustada y temblorosa, se postró ante Jesús y le dijo toda la verdad. Él dijo a la mujer: Hija, tu fe te ha curado; vete en paz, libre ya de tu enfermedad.” (Marcos, V. 25-34).

Sabiduría y santidad son los dos atributos para la adquisición de la felicidad. La Luz da sabiduría, la Religión da santidad, pero sólo el Amor resume toda la Ley y los Profetas. La Esperanza consuela y anima; la Caridad robustece y ampara; la Fe salva; el Amor anima todas estas virtudes; el Amor es la Ley. Seguir leyendo “La fe y el amor”

Familia espiritual

1-Considerando que el suicidio es una especie de desvío en los caminos que conducen al Espíritu a la perfección, ¿cuánto tiempo tendrá el suicida para retornar a la vía correcta?

Como hemos resaltado, el compromiso con el suicidio depende de varios factores, principalmente del grado de evolución del Espíritu. Cuanto más esclarecido, más graves serán las consecuencias.

2-Si él tiene que volver sobre sus propios pasos, ¿podemos decir que se mantendrá estacionado en ese período, en cuanto a su evolución se refiere?

No necesariamente, ya que las propias consecuencias del suicidio son experiencias que lo ayudarán a madurar, enseñándole que es preciso respetar la vida, sometiéndose a los designios divinos. Estamos sujetos a mecanismos de causa y efecto, creados por la Sabiduría Divina, que nos llevan a aprender con nuestros propios errores, aunque debamos considerar que, obviamente, lo ideal sería no cometerlos. Seguir leyendo “Familia espiritual”

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