El progreso del espíritu es eterno

Jaén, 4 de febrero de 1941

-La Luz del Todopoderoso nos acompañe, hermanos.

-¿Podrías, hermano, aclararnos una duda que tenemos en relación con el destino del espíritu?

-No tengo inconveniente, si está a mi alcance poderos complacer.

-Se trata de lo siguiente: Llegado el espíritu a la cúspide de su progreso, ¿se funde con la Divinidad?

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La felicidad no es de este mundo

20. ¡Yo no soy feliz! ¡La felicidad no se ha hecho para mí! exclama generalmente el hombre en todas las posiciones sociales. Esto, hijos míos, prueba mejor que todos los razonamientos posibles, la verdad de esta máxima del Eclesiastés: «La felicidad no es de este mundo». En efecto; ni la fortuna, ni el poder, ni tan siquiera la florida juventud, son condiciones esenciales de la dicha; diré más, tampoco lo es la reunión de esas tres condiciones tan envidiadas porque se oye sin cesar en medio de las clases más privilegiadas y a las personas de todas edades quejarse amargamente de su condición de ser. Ante tal resultado, es inconcebible que las clases laboriosas y militantes envidien con tanta codicia, la posición de aquellos que la fortuna parece haber favorecido. Allí, por más que se haga, cada uno tiene su parte de trabajo y de miseria, su parte de sufrimientos y de desengaños, por lo que nos será fácil sacar en consecuencia, que la tierra es un lugar de pruebas y de expiaciones.

Así, pues, aquellos que predican que la tierra es la única morada del hombre, y que sólo en ella y en una sola existencia les será permitido alcanzar el más alto grado de felicidades que su naturaleza admite, aquéllos se engañan y engañan a los que les escuchan, atendido que está demostrado por una experiencia archisecular, que ese globo no encierra más que excepcionalmente las condiciones necesarias para la felicidad completa del individuo.

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