Caso de conciencia

Mi amigo, Usted se declara extremamente cansado en la lucha por la victoria del bien y añade en su carta:

“Hermano X, ¿qué se puede hacer? No aguanto más injurias, incomprensiones, sarcasmos, críticas… Sólo pienso en descanso, tranquilidad y en la noche, cuando consigo dormir, si sueño, de la única cosa que me acuerdo, es la de una hamaca que incesantemente pasó a vivir en mi memoria.”

De hecho, mi amigo, el cansancio es sufrimiento y de los mayores; sin embargo, ya que nos pide opinión, pido permiso para narrarle algo que sucedió en el dominio de las sombras.

Un denodado legionario de obra salvadora nos contó que en un tenebroso rincón de la Espiritualidad Inferior, casi como una copia perfecta de la antigua parábola, atribuida a Lutero, se reunió un empresario graduado en el mal con diversos cooperadores. Se disponía a oírlos sobre alguna idea nueva, con relación a vampirizar a los amigos encarnados en la Tierra. Reunión de bandidos, como sucede, de hecho, en muchos lugares del plano físico. Expuesto el objetivo de la asamblea, por el director de la crueldad organizada, dijo uno de los asesores:

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La virtud que faltó

Allí hay casos gravísimos de subyugación en que el obsediado parece poseído por mil demonios, según la creencia popular.

Agitado al extremo demanda severas medidas de contención, como la camisa de fuerza y altas dosis de tranquilizantes.

Tales uniones generalmente se originan de sombríos dramas pasionales, de inenarrables tragedias, ocurridas en el pasado distante o cercano, en existencias anteriores o en la actual. Casi siempre el infeliz que hoy se debate ante la furiosa agresión espiritual es alguien que ayer traicionó, ofendió, arruinó, mató, inspirado en propósitos menos dignos.

El agresor de hoy es aquel que fue traicionado, ofendido, arruinado, muerto y que, deseando hacer justicia con las propias manos, pretende someter al desafecto a sufrimientos mil veces acentuados.

Victima de ayer, verdugo de hoy.

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