El adolescente en la búsqueda de la identidad y del idealismo

El florecer de la adolescencia, a semejanza de lo que ocurre con el capullo de la rosa que se abre ante la caricia del Sol, desvela su intimidad que se encuentra adormecida, y despierta, suavemente, aspirando la vida, exteriorizando aroma y ofreciendo polen para la fertilización y resurgimiento en nuevas y maravillosas expresiones.

La plenitud de la vida, en la fase de la adolescencia, se agita y se exterioriza, dejando que todos los contenidos archivados en el inconsciente del ser pasen a revelarse, en forma de tendencias, aptitudes, anhelos y tentativas de realización. No siempre ese despertar es tranquilo, pudiendo, a veces, ser una erupción volcánica de energías retenidas que estallaron, produciendo daños.
En otras ocasiones puede expresarse como sufrimiento íntimo, caracterizado por fobias de apariencia inexplicables, pero que proceden de los registros periespirituales, sumergidos en el inconsciente, que surgen como conflictos, consciencia de culpa, pudor exacerbado, misticismo, en mecanismos bien elaborados de fuga de la realidad.

Reencarnándose, para reparar los errores y edificar el bien en si mismo, el Espíritu alcanza la adolescencia orgánica, vivenciando el transformar de energías y hormonas sutiles como poderosas, que lo despiertan para las manifestaciones del sexo, pero también para las aspiraciones idealistas, desarrollando la búsqueda de la propia identidad.

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