El señor de las cigüeñas

El señor de las cigüeñas

En las elevadas montañas de China vivía un anciano llamado Tian. Su única compañía eran las cigüeñas, y él se encargaba de cuidarlas y alimentar a sus polluelos. Su amistad era tan cercana que pronto lo llamaron “el Señor de las cigüeñas”. Una ocasión decidió bajar al pueblo, para ver si las personas se acordaban de ser buenas y compasivas. Vistió sus mejores galas, se subió sobre una de las cigüeñas y ésta lo llevó volando. Al llegar encontró a un hombre pobre y enfermo envuelto en harapos y le preguntó:

-¿Cambiaría usted su ropa conmigo? Vine a probar si la gente es buena y no quiero que me reconozcan -explicó.

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Quieres felicidad

Emmanuel

Felicidad, pues, es una construcción para hacer.

Nuestra felicidad es proporcional a la felicidad que ofrecemos a nuestro prójimo.

¡El retorno es de ley!

Incluso que, en migajas, distribuye la esperanza y la alegría.

Incluso sufriendo, ofrece una sonrisa a los otros.

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