La gran transición

Se opera en la Tierra, en este largo periodo, la gran transición anunciada por las Escrituras y confirmada por el Espiritismo. El sufrido planeta experimenta convulsiones especiales, tanto en su estructura física y atmosférica, ajustando sus diversas capas tectónicas, concerniente a su constitución moral. Todo esto porque los espíritus que lo habitan, que transitan en franjas de inferioridad, están siendo sustituidos por otros más elevados que lo impulsarán por las veredas del progreso moral, dando lugar a una nueva era de paz y felicidad.

Los espíritus renitentes en la perversidad, en los desmanes, en la sensualidad y vileza, están siendo enviados lentamente para mundos inferiores donde enfrentarán las consecuencias de sus actos innobles, así renovándose y predisponiéndose al retorno planetario, cuando recuperados y decididos al cumplimiento de las leyes de amor. Por otro lado, aquellos que permanecieron en las regiones inferiores están siendo traídos a la reencarnación para que disfruten de la oportunidad de trabajo y aprendizaje, modificando los hábitos infelices a los que se han sometido, pudiendo avanzar bajo la regencia de Dios.

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La inteligencia fascinada

Un análisis superficial podrá sugerir la idea de que la fascinación alcanza solo las personas destituidas de inteligencia, suficientemente ingenuas para asimilar las fantasías sugeridas por los obsesores.

Kardec explica, en “El libro de los Médiums”, que no es así:

“Sería un error creer que este genero de obsesión solo están sujetos a las personas sencillas, ignorantes y faltas de sentido común. De ella no se encuentran exentos ni los hombres de más espíritu, los más instruidos y los más inteligentes sobre otros aspectos, lo que prueba que tal situación es efecto de una causa extraña, cuya influencia ellos sufren.”

Encontramos ejemplos en todos los sectores de la actividad humana. Hombres cultos y sensibles, dotados de respetable agudeza mental, pero envueltos en perturbadores procesos obsesivos. Se sitúan como médiums de las sombras, fascinados por extravagantes ideas que, encontrando receptividad en las mentes distraídas del Bien, generan perturbadores movimientos sociales, en siembras de desequilibrio, sufrimiento y muerte.

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