El verdadero silicio III

28. “Un hombre está en la agonía, presa de crueles tormentos; se sabe que no hay esperanza de salvarle; ¿es permitido ahorrarle algunos instantes de agonía precipitando su fin?”

¿Quién puede daros el derecho de prejuzgar los destinos de Dios? ¿Acaso no puede conducir a un hombre al borde del sepulcro para sacarle de él, con el fin de hacerle volver en sí y conducirle a otras meditaciones? En cualquier estado en que se encuentre un moribundo, nadie puede decir con certeza que haya llegado su última hora. ¿Acaso la ciencia no se ha engañado nunca en sus previsiones?

Sé muy bien que hay casos que con razón pueden llamarse desesperados; pero si no queda esperanza de vida y salud, ¿no hay innumerables ejemplos de que en el momento del último suspiro, el enfermo se reanima y recobra sus facultades por algunos instantes? Pues bien. Esa hora de gracia que se le concede, puede tener para él la mayor importancia, porque ignoráis las reflexiones que ha podido hacer su espíritu, en las convulsiones de la agonía y los tormentos que puede ahorrarle un rayo de arrepentimiento. Seguir leyendo “El verdadero silicio III”

No interrumpir

André Luiz

Usted dice que no tiene dinero para socorrer a los necesitados, pero dispone de tiempo para ayudar de algún modo.

Usted afirma que no tiene bastante salud para alentar esa o aquella tarea en el bien de los otros, pero dispone de tiempo que le faculta ofrecer migajas de gentileza en el amparo a los semejantes.

No interrumpa sus pasos, en el servicio del bien, porque justamente en la ejecución de sus propios encargos, los Mensajeros de Dios encontrarán los medios de traerle a usted el socorro preciso. Seguir leyendo “No interrumpir”

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