Inmortalidad y religión

“Al llegar Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos le dijeron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas. Él les dijo: Vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el hijo del Dios vivo. Jesús le respondió: Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta pierda edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de Dios, y lo que ates en la Tierra quedará desatado en los Cielos. Entonces ordenó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.” (Mateo, XVI, 13-20).

La Religión está para la inmortalidad como el cuerpo para el alma. Seguir leyendo “Inmortalidad y religión”

Renovación

El hombre cansado, buscó la fuente generosa y se reanimó con la linfa cristalina, bendecida. Contemplándola, tranquila, no sospechó de sus emociones, quejándose:

-¡Eres dichosa! Mientras que yo padezco de incomprensiones y cansancio, tormentas tropiezos por el camino, soledad y aturdimiento, casi siempre andando debajo de una lluvia de maldiciones, tu estas ahí transparente y noble, bendiciendo a los que a ti se acercaran sedientos…. ¿ Por qué no soy como tú, yo que deseo servicio y paz?

Levemente erizada por el suave viento, la linfa respondió: Seguir leyendo “Renovación”

Indeseable inquilino

En la obsesión simple el obsediado permanece en pleno uso de sus facultades mentales, conservando el discernimiento.

Reconoce que su conducta es irregular, no es raro, ridícula, como lavar repetidamente las manos o comprobar hasta la extenuación si cerró la puerta o desenchufó un aparato eléctrico.

La fascinación es más envolvente. Desarrollada por hábiles obsesores, estos no se limitan al bombardeo de ideas infelices. Actuando con sutileza e inteligencia, tratan de convencer al obsediado de las fantasías que le sugieren. Es como si le colocasen gafas con lentes desajustadas, confundiéndole la visión. Eso establece una diferencia fundamental entre los dos tipos de envolvimiento: En la obsesión simple el obsediado sabe que está equivocado en los absurdos en que incurre. Seguir leyendo “Indeseable inquilino”

Volver arriba