El adolescente y su sexualidad

La ignorancia responde por males incontables que afligen a la criatura humana y confunden a la sociedad. Igualmente, perversa es la información equivocada, destituida de fundamentos éticos y carente de estructura de lógica.

En la adolescencia, el despertar de la sexualidad es como la rotura de un dique, en el cual se encuentran reprimidas fuerzas inconmensurables, que se tiran, desordenadas, produciendo daños y perjuicios con relación a todo cuanto encuentran por delante.

En el pasado, el tema era tabú, que la ignorancia y la hipocresía preferían esconder, en una acomodación en la cual la apariencia debería ser preservada, aunque la conducta moral muchas veces se encontrase distante de lo que era presentado.

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El señor de las cigüeñas

El señor de las cigüeñas

En las elevadas montañas de China vivía un anciano llamado Tian. Su única compañía eran las cigüeñas, y él se encargaba de cuidarlas y alimentar a sus polluelos. Su amistad era tan cercana que pronto lo llamaron “el Señor de las cigüeñas”. Una ocasión decidió bajar al pueblo, para ver si las personas se acordaban de ser buenas y compasivas. Vistió sus mejores galas, se subió sobre una de las cigüeñas y ésta lo llevó volando. Al llegar encontró a un hombre pobre y enfermo envuelto en harapos y le preguntó:

-¿Cambiaría usted su ropa conmigo? Vine a probar si la gente es buena y no quiero que me reconozcan -explicó.

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La lluvia

El día estaba claro y soleado. El barrio era tranquilo, casi sin movimiento, y los niños acostumbraban a jugar con los vecinos en la calle. Ese día, Toninho, de seis años, invitó a sus amiguitos para jugar al balón en la calle. Estaban así entretenidos con el juego, cuando el tiempo comenzó a cerrar. Pesadas nubes fueron surgiendo en el horizonte, avanzando siempre, hasta que el Sol desapareció por completo. Todo quedó oscuro. ¡Parecía de noche!. No tardó mucho, y gruesas gotas de lluvia comenzaron a caer. Los rayos rascaban el cielo, seguidos por truenos ensordecedores.

Los chicos se abrigaron en el balcón de la casa de Toninho, esperando que la lluvia parara para poder volver al juego. Mientras eso, ellos hablaban intercambiando ideas sobre la escuela, cuando comenzaron a discutir. Era común que eso pasara, porque Toninho, orgulloso, le gustaba sobresalir a los demás, creyendo que era el más experto, el más inteligente y el más capaz. Media hora después, el aguacero había cesado y los niños se preparaban para volver al juego, aún con la calle mojada, cuando comenzaron a oír un ruido diferente, como si piedras estuvieran cayendo sobre el tejado.

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Gozadores del Más Allá

Fue el punto culminante, en la exposición moderna. Un concurso de esculturas. Muchos candidatos. Aficionados y profesionales disputando el codiciado premio. Decenas de creaciones artísticas fueron sometidas a respetables críticos que, después de una demorada apreciación, eligieron la vencedora. Con un metro de altura, monolítica, formas arredondeadas, con reentradas y bajos relieves, era literalmente impenetrable para los no entendidos.

Nunca sabrían lo que pretendía el autor. En que ignoto socavón de la memoria buscó inspiración para aquella “cosa”. Pero agradó a los entendidos, que aplaudieron la ligereza del conjunto y la forma decorativa.

En la ceremonia para la entrega de trofeos, convocado el autor, este informó:

– Soy solo representante del escultor. Mejor dicho, de la escultora. No fue posible inscribir el trabajo en su nombre. La regulación no lo permite.

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¡Qué solos iban!

Yendo una mañana en el tranvía, éste quedó detenido largo rato, por hallar obstáculos en su camino, y todos los pasajeros se entretenían en mirar y averiguar qué era lo que pasaba entre cocheros, carreteros y descargadores, que interrumpían el tráfico público. Un joven obrero que iba sentado frente a mí, observé que miraba con suma fijeza en dirección opuesta a la que llevábamos; miré yo también y vi que avanzaba lentamente un coche fúnebre conduciendo un modestísimo ataúd, al que nadie seguía.

Mi compañero de viaje siguió con la mirada puesta en el coche fúnebre, hasta que lo perdió de vista, y cuando volvió la cabeza, noté con asombro que se limpiaba disimuladamente los ojos con la manga de su vieja pero limpia blusa, y mirándome con tristeza murmuró con acento conmovido:

-¡Qué solo va!… ¡Pobrecillo! ¡Nadie le sigue!… ¡Nadie le acompaña! ¿No es verdad que causa pena ver una cosa así? Ese muerto, o no tiene familia, o nadie le quiere: ¡Qué solo va!…

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Los árboles amigos

Todo empezó cuando aquel amante de los árboles contrató a un experto en poda de naranjos. El árbol era como un miembro de la familia. Había visto a los hijos de Laertes crecer y los nietos llegar. Unos y otros subieron más de una vez a sus ramas para coger los frutos, siempre abundantes. Era también el hogar de algunos pájaros que, al caer la tarde, hacían un gran alboroto, disputando los sitios más acogedores entre sus ramas.

El profesional, aconsejado y recomendado, se mostró como alguien absolutamente ajeno a la delicada tarea. Cortó una rama tras otra y dejó al pobre árbol desnudo. Laertes consiguió salvar una rama, una única rama, ordenando parar con todo cuando se dio cuenta del desastre ecológico. Y esta única rama superviviente de la furia destructora de quien se decía un buen podador, se quedó allí, solitaria, como una aguja apuntando al cielo.

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¿Dónde buscar a Dios?

Todos buscamos a Dios. Tú también le buscas, ¿¿Verdad?? Pero dime… ¿¿Dónde le buscas?? ….

En adustos templos, ricamente adornados, exponiendo la imagen de Cristo, siendo que en su paso por la Tierra despreció las riquezas. No, allí no lo hallarás; búscalo en los amaneceres, cuando bulliciosas bandadas de pájaros alegres saludan al nuevo día recorriendo en raudos vuelos los campos humedecidos por el rocío.

En las mañanas henchidas de sol vivificante, cuando se abren como un milagro las flores, prodigando generosas su belleza perfecta, de maravillosos matices y aromas embriagadores.

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El más allá y la sobrevivencia del ser

La dinámica de nuestras existencias actuales transfirió para las religiones los cuestionamientos sobre la naturaleza del Ser, sus orígenes, su destino y el porqué de la dicotomía entre el ser espiritual y el ser público o de la vida real. Si la tecnología nos aproximó los unos a los otros, a través de los Smartphone, ordenadores, etc., si internet nos conecta en tiempo real con el mundo, aunque este sea un mundo vigilado y condicionado, nunca fue tan grande el desconocimiento en cuanto a las cuestiones que envuelven la muerte y la posibilidad de la continuidad de la vida en otras dimensiones.

En los países del primer mundo, donde las universidades desenvuelven el saber, son raras las sillas de estudio sobre la sobrevivencia del Espíritu, tratado peyorativamente como “fantasma” o como un ser diabólico que aterroriza los vivos, llevándolos a procesos patológicos y autodestructivos, principalmente por el cine y por las series de TV.

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