La justicia de las angustias

Solamente en la vida futura pueden efectuarse las compensaciones que Jesús promete a los afligidos de la Tierra. Sin la certeza del futuro, estas máximas serían un absurdo; mas todavía: serían un cebo.

A pesar de esa certeza, difícilmente se comprende la conveniencia de sufrir para ser feliz. ¡Eh!, dicen, para que se tenga mayor mérito. Pero, entonces, pregúntese: ¿por qué sufren unos más que otros? ¿Por qué nacen unos en la miseria y otros en la abundancia, sin haber hecho ninguna cosa que justifique esas posiciones? ¿Por qué unos no consiguen nada, mientras que a otros todo les parece sonreír?

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Dios de todos nosotros

Anochecía… En la pequeña ciudad la joven, desanimada, pasaba delante de una iglesia, cuando decidió entrar. Aquella institución ni siquiera era de su religión. No obstante, estaba tan triste, pues tenía tantas ganas de que el mundo acabara para que ella misma fuera consumida, que se dirigió hacia la puerta.

En ese exacto momento, el sacristán se preparaba para cerrar el lugar. Isabel retrocedió. Sin embargo, al percibir su intención, él la invitó:

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