¡Gracias, señor!

Hace un siglo, convidaste a Allan Kardec, el apóstol de tus principios, a la revisión de las enseñanzas y de las promesas que dirigiste al pueblo en el sermón de la montaña y nos diste “El Evangelio según el Espiritismo”.

¡Deseabas que tu palabra, como otrora, se convirtiese en pan de alegría para los hijos de la tierra y nos llamaste a la fe, para que se nos purificasen las esperanzas en las fuentes vivas del sentimiento! Seguir leyendo “¡Gracias, señor!”

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