El último vals

Estando un verano en Deva, fuimos una tarde con varios bañistas a dar un largo paseo por el campo. Llegamos a una quinta, descansamos en la era, que era muy espaciosa y, afortunadamente para los jóvenes, apareció como llovido del cielo, un chico italiano que llevaba un organillo, con lo que enseguida se improvisó un baile. Todas las niñas bailaron, menos una linda jovencita que iba acompañada de su abuela. Un caballero llamado Álvarez, que iba con sus dos hijas, le dijo a la anciana señora:

-¿Por qué no baila Susana?

-Porque mientras yo viva no bailará; el baile es la perdición de la juventud.

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