Jesús y Dios I

Aquellos que afirman, o por lo menos creen, que Jesús y Dios son la misma entidad se fundamentan sin duda, en las siguientes palabras del Maestro: “Mi Padre y Yo somos Uno.”

Sin embargo, basándonos en esas palabras para afirmarnos en la creencia de que Jesús es el propio Dios, seremos forzosa e inevitablemente compelidos igualmente a equiparar al Maestro con los discípulos, al Cristo con los Apóstoles, pues en el Evangelio según Juan (14:20) está escrito: “…estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.

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Cuerpo humano

Puede considerarse, por la complejidad de sus funciones y por la finalidad a que se destina, como la maquina más perfecta de la que se tiene conocimiento. Analizándolo, en el contexto de la escala evolutiva del reino animal, lo observaremos en el ápice de la creación en el plano terrestre, por ser el vehículo de manifestación de la máxima inteligencia a través del cerebro y del pleno amor simbólicamente expresado a través del corazón.

Lo que no se puede olvidar es que, tanto su concepción como su perfeccionamiento, funcional y estético, obedecen a un planeamiento superior que, en último análisis, visa proporcionar la oportunidad de evolución del Espíritu en el planeta Tierra. Las células, con sus diferentes formas, dimensiones y funciones, son las unidades constitucionales básicas del cuerpo humano.

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Primera revelación de mi misión. 30 de abril de 1856

(En casa del Sr. Roustan; médium: Srta. Japhet)

Hacía algún tiempo que asistía a las sesiones que se realizaban en casa del Sr. Roustan, y había comenzado allí la revisión de mi trabajo, que posteriormente constituiría El libro de los Espíritus. En una de esas sesiones íntimas, a la que sólo concurrían siete u ocho personas, se conversaba acerca de diferentes cuestiones, relativas a los acontecimientos que podrían conducir a una transformación social, cuando el médium tomó la cesta y escribió espontáneamente lo que sigue:

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