Mi iniciación en el espiritismo

En 1854 oí hablar por primera vez de las mesas giratorias. Un día me encontré con el Sr. Fortier, magnetizador, a quien conocía desde mucho tiempo atrás, que me dijo: “¿Ya está al tanto de la singular propiedad que se acaba de descubrir en el magnetismo? Parece que ahora no sólo se puede magnetizar a las personas sino también a las mesas, y se consigue que giren y anden a voluntad”. “Es, en efecto, muy singular -le respondí-; pero, en rigor, no me parece esencialmente imposible”. El fluido magnético, que es una especie de electricidad, puede muy bien actuar sobre los cuerpos inertes y hacer que se muevan. Los relatos publicados en los periódicos, acerca de experiencias realizadas en Nantes, en Marsella y en algunas otras ciudades, no dejaban margen a dudas acerca de la realidad del fenómeno.

Leer másMi iniciación en el espiritismo