Doble naturaleza de Jesús

Se podría objetar que, en virtud de la doble naturaleza de Jesús, las palabras de este expresaban su sentimiento como hombre y no como Dios. Sin analizar en este momento por qué sucesión de circunstancias se arribó, mucho más tarde, a la hipótesis de esa doble naturaleza, admitámosla por un instante, y veamos si, en vez de elucidar la cuestión, no la complica todavía más, al punto de tornarla insoluble.

Según esa hipótesis, lo que en Jesús había de humano era el cuerpo, la parte material, y desde este punto de vista se comprende que él haya podido e incluso haya tenido que sufrir como hombre. El alma, el espíritu, la mente, en una palabra, la parte espiritual de su ser, es lo que había de divino en él. Así pues, si bien Jesús sentía y sufría como hombre, pensaba y hablaba como Dios.

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La necesidad de la educación

En el tiempo en que no existía locomoción fácil en la Tierra, un gran rey simpatizó con un fogoso caballo de colores claros, de la cría de su hacienda; pero, al desearlo para los servicios del palacio, fue informado así por el jefe de las caballerizas:

–Majestad, este animal es víctima de muchas tentaciones. Basta que algo se mueva un poco, para asustarse y ocasionar desastres. Una simple hoja seca en el camino es razón para patear innumerables coces.

El rey oyó atento y afirmó que pronto remediaría la situación. Al día siguiente, lo puso a que arrastrase la enorme carroza de la limpieza, donde el animal se vio tan preso que no pudo hacer otros movimientos, más allá de los necesarios.

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Exorcismo

Mateo, 12:22-26
Marcos, 3:22-26
Lucas, 11:14-18

De retorno a Cafarnaúm, Jesús hablaba a la multitud. En dado momento le presentaron un hombre que estaba ciego y mudo por subyugación. No veía ni hablaba, en virtud de la influencia ejercida por un Espíritu.

Con una simple orden, el Maestro lo apartó. Inmediatamente la victima recobró la capacidad de ver y hablar.

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