Las hojas caen…para nacer

¿No es verdad que se impresiona el alma tristemente, cuando nuestra mirada afanosa se fija en los bosques, donde ayer anidaban los pajarillos, y hoy los árboles despojados de sus galas extienden sus secos brazos pidiendo misericordia?

Echegaray, pintando el cuadro del invierno, dijo así:

Los bosques son muchedumbres
De esqueletos que se agitan.
Y nosotros decimos:
¡Esos muertos resucitan!…
¡Todo vive en la Creación! Seguir leyendo “Las hojas caen…para nacer”

Para agradecer a Dios

¿Cómo podemos agradecer al Sempiterno, si no prestamos reverencia a las expresiones de la naturaleza, que son la imagen esplendente de la Sabiduría Divina? ¿De qué modo expresaremos nuestra reverencia a las obras de la naturaleza, si no conseguimos respetar sus más diferentes modos de manifestación, tornándonos usufructuarios conscientes de todo cuanto existe? ¿Cuál será la manera de disfrutar las grandiosas formas vivas de la naturaleza, representación del Creador, sin que aprendamos a cortar y replantar, a comer y recrear, a derribar para reconstruir en mejores condiciones para la vida humana? ¿Cómo tumbar y levantar los elementos de que nos servimos, relegando los niveles de nuestra responsabilidad, creyendo que cabe siempre a los otros el trabajo de reponer todo lo que hemos cambiado a su debido lugar? Seguir leyendo “Para agradecer a Dios”

Fuente de las pruebas sobre la naturaleza de Cristo

La cuestión de la naturaleza de Cristo ha sido debatida desde los primeros siglos del cristianismo, y podemos decir que todavía no se ha resuelto, pues se sigue discutiendo hasta el presente. La divergencia de opiniones sobre ese punto dio origen a la mayoría de las sectas que dividieron a la Iglesia dieciocho siglos atrás, y vale destacar que todos los jefes de esas sectas fueron obispos o miembros jerarquizados del clero. Por consiguiente, se trataba de hombres ilustrados, muchos de ellos talentosos escritores versados en la ciencia teológica, que no hallaban concluyentes las razones invocadas a favor del dogma de la divinidad de Cristo.

No obstante, al igual que hoy, las opiniones se fundaron más sobre abstracciones que sobre hechos. Se procuró saber, ante todo, si el contenido de ese dogma era admisible o irracional, y en general se omitió señalar, tanto de un lado como del otro, aquellos hechos que podían arrojar una luz decisiva sobre la cuestión. Pero ¿dónde hallar esos hechos, si no es en los actos y en las palabras de Jesús? Seguir leyendo “Fuente de las pruebas sobre la naturaleza de Cristo”

Madre

Cuando el Padre Celestial precisó colocar en la Tierra los primeros niños, llegó a la conclusión que debía llamar a alguien que supiese perdonar infinitamente.

De alguien que no atisbase el mal.

Que quisiese ayudar sin exigir pago.

Que se dispusiese a guardar a los niños, con paciencia y ternura, junto a su corazón.

Que tuviese bastante serenidad para repetir incesantemente las pequeñas lecciones de cada día. Seguir leyendo “Madre”

El síndrome de Marta

Lucas, 10:38-42

Cerca de tres kilómetros de Jerusalén, en el camino de Jericó, existe, aun hoy, la ciudad de Betania, escenario de algunos pasajes evangélicos.

En sus andanzas, siempre que iba a Jerusalén, Jesús por allí pasaba, visitando a los hermanos Lázaro, Marta y María, sus amigos.

En Betania, según Lucas (24:50), el Maestro se habría despedido de los discípulos, retornando a la espiritualidad, después de convivir con ellos durante cuarenta días, materializado. Seguir leyendo “El síndrome de Marta”

Guardar

“Entonces se recordaron de sus palabras”

Ante la realidad de la tumba vacía, situada en los generosos dominios de José de Arimatea, las mujeres que habían llegado desde la Galilea, se recordaron de las palabras de Jesús, a cerca de la resurrección en el tercer día. En cuanto el Señor estaba entre ellas, con los discípulos y con el pueblo, disfrutando de Su Presencia Sublime, no consiguieron aprender sus enseñanzas.

Olvidaron sus lecciones, claras algunas veces, ocultas en otras ocasiones bajo el velo de la alegoría y la parábola. Seguir leyendo “Guardar”

Doble Vista – Conocimiento del Porvenir

Si en estado sonambúlico las manifestaciones del alma se hacen hasta cierto punto ostensible, sería absurdo imaginar que en estado normal estuviese aquella, confinada en su envoltura de un modo absoluto, como el caracol en su concha. No es la influencia magnética la que la desarrolla, sino que la hace patente por la acción que ejerce en sus órganos.

El estado sonambúlico no es siempre una condición indispensable para semejante manifestación, pues las facultades que hemos visto producirse en aquel estado, se desarrollan a veces espontáneamente en estado normal en ciertos individuos. Seguir leyendo “Doble Vista – Conocimiento del Porvenir”

El caballito de palo

Como todo niño, Antonio tenía sus sueños. Deseaba mucho tener un caballito de palo para jugar a viajar, de joven y de bandido, de hacendado. Su familia, aun así, era muy pobre y su padre no tenía recursos para comprarle el juguete tan deseado. Y Tonino, sabiendo esto y siendo un niño muy comprensivo, no pedía nada. Sólo soñaba.

Por la noche, antes de dormir, siempre daba rienda suelta a la imaginación y hacía cuenta que estaba cabalgando un lindo caballo de madera.

El día de su cumpleaños, cuando cumplió ocho años, el padre le trajo de regalo una pequeña pelota de caucho. No era el caballito de palo con que él soñaba tanto, pero era una linda pelota colorida y él se quedó feliz, porque sabía cuanto representaba para el padre aquel sacrificio. Cierto día, jugando con la pelota nueva en la calle, Tonino vio a un niño que miraba fijamente a la pelota colorida. Seguir leyendo “El caballito de palo”

El efecto de la cólera

Un judío ya anciano con el alma torturada por pesados remordimientos, llegó, cierto día, a los pies de Jesús y le confesó extraños pecados.

Valiéndose de la autoridad que detentara en el pasado, había despojado a varios amigos de sus tierras y bienes, precipitándolos a la ruina total y reduciendo a sus familias a un doloroso cautiverio. Con maldad premeditada, había sembrado en muchos corazones la angustia, la aflicción y la muerte.

Debido a ello se hallaba enfermo, afligido y perturbado… Los médicos no solucionaban sus problemas, cuyas raíces se perdían en los profundos laberintos de la conciencia dilacerada. Pero, el Maestro Divino, allí mismo, en la casa de Simón Pedro, donde se encontraba, oró por el enfermo y enseguida le dijo: Seguir leyendo “El efecto de la cólera”

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