Enriqueta y Mercedes

Si hay algo que sea verdad en este mundo, es la expresión del semblante del niño. Ellos me dicen lo que es real, lo que es positivo; en su mirada se lee la verdad sin velos ni eclipses. Hace algún tiempo conocí a Enriqueta, simpática niña de diez años; no había visto nunca yo una mirada más triste, ni una sonrisa más melancólica: aquella niña, sin hablar, parece que exclama de continuo: ¡Quiero irme!… ¡Suspiro por mi patria!… ¡Allá está mi familia!… ¡Allá mi religión! ¡Qué lástima me inspira Enriqueta con sus rubios cabellos, con sus pálidas mejillas, con su blanca frente, con sus manos delgadas y transparentes, con su dulce voz y sobre todo con su dolorosa sonrisa! Seguir leyendo “Enriqueta y Mercedes”

Visita a los enfermos

Cuando el amor comienza a despertar en el corazón de la criatura, los días se tornan pequeños en las obligaciones que el deber le trae, porque sustenta el alma en todas sus luchas, con el néctar de la vida.

Quien ama se compadece de los que sufren, ayuda a los enfermos a que crean en la esperanza y hace sonreír al angustiado; ampara a los niños, ayuda a los mayores, visita a los encarcelados y estimula a quien simpatiza con el bien de la colectividad. Nunca se olvida de los que se encuentran en las camas de los hospitales, a veces con enfermedades incurables. Seguir leyendo “Visita a los enfermos”

En el templo

Según la tradición, los judíos debían ir a Jerusalén en tres festividades:

En la Pascua, de seculares evocaciones relacionadas con la llegada de la primavera y la fuga de Egipto bajo el liderazgo de Moisés.

En Pentecostés (literalmente en griego, cincuenta días después de la Pascua), llamada Fiesta de la Cosecha, conmemorativa también de la llegada de los Diez Mandamientos de la Ley, recibidos por Moisés en el Monte Sinaí. Seguir leyendo “En el templo”

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