¡Quién sabe!

Entre las personas que me han sido más simpáticas en este mundo, figura una mujer llamada Margarita, casada, madre de cuatro niñas y un varoncito. Éste es el niño mimado por su madre, y él la adora, es el inseparable. Viéndolos tan amartelados, madre e hijo, un día le dije a Margarita:

-Se conoce que su hijo la quiere con delirio.

-¡0h!, sí, sí, con locura, y yo del mismo modo. Soy feliz desde que él nació; antes vivía sin vivir.

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Escuchar y hablar

Todo maestro lo es, por excelencia, por saber escuchar. Ese don maravilloso de la audición tiene un engranaje sutilísimo interconectado en el alma, pues es el alma que escucha, descifrando el código de todos los sonidos en el ritmo de todas las moléculas accionadas por la proyección de la palabra.

¿Ya analizasteis la belleza del verbo, cuando este ejecuta las leyes de Dios? No debéis perder, hermano mío, vuestro precioso tiempo en conversaciones vanas. Procurad todos los días educar la palabra. Por todas partes, escuchareis cosas buenas que os agradan el corazón; debéis repetir las frases y palabras, ornamentadas en el valor moral; palabras de amor, de caridad; palabras cordiales y de buen sentido.

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