El cristianismo primitivo

¡Cuan distinta era la religión de Cristo en los primeros siglos de la iglesia de la que luego formaron los hombres a su capricho y voluntad y según los intereses particulares de cada uno!

La primera, fue la síntesis del amor de la humanidad, el conjunto de todas las virtudes refundidas en el amor divino, de la resignación de la mansedumbre evangélica y de la caridad más ardiente. Y la segunda… ¡OH! la segunda, ¡Cuan amargos han sido sus frutos! Seguir leyendo “El cristianismo primitivo”

Sí pensaras

Cap. IX- Ítem 6

Manifiestas que la palabra del compañero es agresiva por demás; no obstante, si pensaras en las frases contundentes que salen de tu boca, ni en lo más mínimo te detendrías sobre el tema.

Manifiestas que un amigo cometió un error grave; sin embargo, si pensaras en los delitos mayores que dejaste de cometer simplemente porque te faltó la oportunidad, no hallarás motivo alguno para la acusación. Seguir leyendo “Sí pensaras”

Sin idolatría

Cap. XXI – Ítem 8

“No os hagáis pues idólatras…” – Pablo. (1 Corintios, 10:7.)

Núcleos religiosos de todas las épocas e incluso determinadas prácticas, ajenas a la religión, se han servido de la idolatría como una tradición fundamental para mantener siempre viva la llama de la fe y el calor del ideal.

El hábito se vinculó tan profundamente con el espíritu popular que, en la actualidad, en las aglomeraciones del Espiritismo Cristiano que despliegan la bandera de la fe razonada, todavía encontramos algunas veces criaturas humanas que intentan la sustitución de los ídolos inertes por los compañeros de carne y hueso de la experiencia cotidiana, cuando son convocados a que desempeñen su responsabilidad mediúmnica. Seguir leyendo “Sin idolatría”

Afirmaciones curativas

Es nuestro deber modelar nuestros pensamientos con las ideas del Cristo, para que podamos sentir la influencia del amor, ese sentimiento que libera al alma en la profundidad de la conciencia.

Nuestra mente debe ser un campo fértil en la labranza espiritual donde crece el árbol de la vida, que se multiplica al infinito por la fuerza creciente del espíritu. El alma no puede olvidar la moderación, pero no debe, tampoco, ser absorbida por la pereza. Seguir leyendo “Afirmaciones curativas”

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