Esperando por ti

Cap. XII – Ítem 8

Antes de que pronuncies la frase amarga que estalla en tu corazón con la intención de romper las barreras de tu boca, piensa en la bondad de Dios que te rodea por completo.

La Naturaleza es el seno de una madre expectante…

Se asemeja la luz celestial a la mirada del amor que te sigue encubiertamente, y el aire que respiras es como un soplo de la ternura de alguien, que te provee alimento invisible.

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El saber y el hacer

El súperdesarrollo intelectual, aliado a la moral subdesarrollada sitúa al Hombre como pájaro de una sola ala. Él la agita, intentando alzar el vuelo, pero solo gira en torno de sí mismo. Piensa volar. Se hunde en el suelo. Sin la brújula del discernimiento que las facultades morales sustentan, ajeno a las realidades universales, dirigiéndose por caminos de ilusión.

Paradójicamente, cuanto más crece en Ciencia, en el propósito de mejorar las condiciones de vida, mayores sus problemas, tensiones y desajustes. Inmaduro, se sitúa como indisciplinado aprendiz de hechicero incapaz de bien aprovechar y controlar sus propias conquistas.

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Con integridad y conciencia

Solicitaste una fe que llenase de tranquilidad el vacío del alma y el Espiritismo ofreció a tu mente indagadora, respuestas justas para los afligentes problemas, otorgándote una fe con bases racionales.

Deseaste un campo de trabajo donde pudieses aplicar las posibilidades del amor en legítimas actitudes de abnegación desinteresada, y la Doctrina Espírita colocó a tu disposición la gleba de la humanidad sufriente.

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